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Una crisis en Asia y el Pacífico como jamás se ha visto

27 abril 2020

Tras muchos años de una reducción anual sostenida de la pobreza y el hambre en toda la región de Asia y el Pacífico, la pandemia mundial de la COVID-19 amenaza con revertir en gran escala esos logros y llevar a los países asiáticos a la recesión. Los efectos en la región serán graves y sin precedentes, y superarán considerablemente los efectos de la crisis financiera mundial de 2007-2008 y la crisis financiera asiática de finales de los noventa.

En un informe reciente del Banco Asiático de Desarrollo se estima que en Asia unos 68 millones de personas corren el riesgo de perder su empleo en los próximos meses. Las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional apuntan a un crecimiento cero del PIB en 2020, el peor resultado económico de Asia en más de 60 años. Y las Naciones Unidas han advertido de posibles hambrunas a menos que se tomen medidas urgentes.

No obstante, hasta ahora los efectos varían enormemente de un sector a otro, y algunos países son más vulnerables que otros, siendo los países en desarrollo quienes se enfrentan a los mayores retrocesos de la historia. Los Estados insulares del Pacífico se encuentran entre los más vulnerables, debido al subdesarrollo de su infraestructura sanitaria y a su dependencia del turismo. Incluso dentro de los propios países, algunas poblaciones son más vulnerables que otras, y los más pobres serán quienes más sufran. El Banco Mundial ha informado de que es probable que en la región de Asia y el Pacífico 20 millones de personas se vean empujadas a la pobreza en 2020 como resultado de la crisis. El impacto será particularmente grave para los trabajadores del sector informal, los trabajadores por cuenta propia, los jornaleros, los pequeños agricultores y los trabajadores sin tierras. Los hogares pobres también sufrirán la reducción de los ingresos procedentes de las remesas. El Banco Mundial ha proyectado una disminución de las remesas del 22% en el Asia meridional y del 13% en el Asia oriental y el Pacífico.

Una respuesta sin igual

Frente a una crisis sin precedentes, necesitamos dar una respuesta rápida, integral y coordinada que proteja a las personas más vulnerables. Todos nuestros esfuerzos deben dirigirse a evitar que la crisis sanitaria actual se convierta en una crisis alimentaria. Para garantizar la seguridad alimentaria a nivel mundial y regional, es indispensable que se mantenga la comercialización internacional de alimentos. Deben evitarse a toda costa las restricciones comerciales a los principales cultivos básicos, ya que darán lugar a un aumento del precio de los alimentos, lo que a su vez repercutirá en los más pobres y vulnerables. En los países, también es fundamental prestar apoyo para que no se interrumpa la producción y la distribución de alimentos y asegurar que se sigan prestando los servicios agrícolas fundamentales y que se mantengan los flujos de alimentos desde el campo hasta el mercado.

Igualmente importante es el apoyo específico a los hogares pobres más afectados, en particular para evitar que las familias tengan que vender sus bienes más importantes para sobrevivir.

De hecho, muchos países de la región están impulsando programas de transferencia de alimentos y dinero en efectivo destinados a las personas más vulnerables. Así, por ejemplo, en el Pakistán, el Programa Benazir de Apoyo a los Ingresos está prestando apoyo adicional a 67 millones de hogares de bajos ingresos. En Indonesia, un programa de cupones para alimentos se está ampliando a 20 millones de hogares de bajos ingresos. En la India, donde el confinamiento ha afectado a 1 300 millones de personas, el Gobierno está adoptando el sistema de red de seguridad más grande del mundo con nuevas medidas, entre ellas la de proporcionar transferencias de efectivo a 200 millones de mujeres en el marco de la iniciativa de la Misión Nacional de Inclusión Financiera.  

También es fundamental el apoyo de emergencia a los millones de microempresas que emplean a personas pobres, así como garantizar el acceso continuo a los servicios financieros. Algunos países asiáticos han adoptado medidas efectivas en este sentido. Por ejemplo, en Bangladesh, la autoridad reguladora del microcrédito ha aplazado el reembolso de los préstamos hasta junio de 2020. Pero aún queda mucho por hacer; en particular, se necesitan medidas específicas que aumenten la resiliencia de los productores rurales más vulnerables.

Respuesta del FIDA en la región

La respuesta del FIDA a la crisis se ha coordinado estrechamente con los Estados Miembros y los organismos de las Naciones Unidas, en particular la FAO y el PMA, nuestros organismos hermanos en Roma.

El FIDA está apoyando a los Gobiernos de varias maneras: a nivel de políticas, en particular en relación con el mantenimiento de la seguridad alimentaria; a nivel de países, para coordinar la labor analítica sobre el impacto de la COVID-19 con el sistema de las Naciones Unidas; a nivel de proyectos, mediante la readaptación de los proyectos de desarrollo existentes y, de manera más general, mediante la puesta en marcha de nuevas iniciativas específicas para mejorar la resiliencia de las personas más pobres de las zonas rurales.

A continuación figuran algunos ejemplos. El equipo del FIDA en Bangladesh ha asesorado al Gobierno sobre el mantenimiento del movimiento de insumos esenciales y productos agrícolas entre las zonas rurales y los mercados. En la India, el grupo de organismos de las Naciones Unidas para la agricultura y la alimentación (FIDA, FAO, PMA) mantiene un contacto diario con el Comité 5 del Gobierno sobre logística y proporciona datos en tiempo real de los proyectos en curso a fin de mantener informadas a las instancias decisorias superiores. Esta información está contribuyendo directamente a la adopción de decisiones que permiten a la agricultura y a las cadenas alimentarias seguir funcionando.

En cuanto a la coordinación de la labor analítica, los equipos del FIDA en los países (en particular, los de China, Fiji, Filipinas, las Islas Salomón, la República Democrática Popular Lao, Samoa, Tonga, Vanuatu y Viet Nam) están prestando apoyo a los equipos de las Naciones Unidas en los países para la preparación de estudios de impacto y el establecimiento de protocolos de vigilancia de los alimentos. Esos estudios serán esenciales para orientar la recuperación posterior a la crisis y asegurar la preparación para futuras oleadas de COVID-19 u otras pandemias.

En lo que respecta a la readaptación de las inversiones, el FIDA cuenta actualmente con un programa de aproximadamente USD 2 500 millones en préstamos y donaciones, con el que se financian unos 60 proyectos en 20 de los países más pobres de la región. En estrecha consulta con los Estados Miembros, algunos de esos proyectos en curso se están adaptando en tiempo real para dar respuesta a la emergencia de la COVID-19.

En Camboya, por ejemplo, el Programa de Servicios Agrícolas para el Fomento de las Innovaciones, la Capacidad de Resistencia y la Extensión (ASPIRE) se está centrando en los productos alimentarios con ciclos de producción cortos. Dado que ahora resulta difícil prestar servicios de extensión presenciales, se está prestando apoyo técnico a los agricultores mediante servicios en línea y por teléfono. En Bangladesh, en el marco del Proyecto de Promoción de la Comercialización y las Empresas Agropecuarias (PACE) se está estableciendo un sistema de entrega de insumos agrícolas y de distribución de productos a los mercados a prueba de la COVID-19. Asimismo en Bangladesh, y en asociación con el Banco Mundial, el proyecto en curso del Programa Nacional de Tecnología Agrícola (NATP) está ayudando a suministrar insumos y maquinaria agrícolas esenciales a los pequeños agricultores vulnerables.

En la India, el Programa de Empoderamiento y Mejora de los Medios de Vida de los Grupos Tribales Primitivos en Odisha (OPELIP) ha estado ayudando a los agricultores pobres en el transporte de frutas perecederas al mercado. Los proyectos que se llevan a cabo en Mizoram, Nagaland y Uttarakhand se están centrando en la distribución puntual de semillas en zonas montañosas remotas. La MAVIM - Corporación para la Promoción de la Mujer de Maharashtra - otro asociado que desarrolla proyectos en Maharashtra, ha introducido una clase de pequeños dispositivos portátiles que permiten realizar servicios bancarios básicos, como depositar o retirar dinero en efectivo, a los habitantes de las aldeas y los miembros de los grupos de autoayuda. Este modelo está particularmente bien adaptado a la a situación actual de confinamiento, así como a las zonas en que no se puede acceder fácilmente a los bancos.

Para dar respuesta a las perturbaciones en la importación y distribución de alimentos, los proyectos financiados por el FIDA en Samoa y Tonga están ampliando su apoyo a los hogares rurales para centrarse en los alimentos frescos, los tubérculos, el ganado y la pesca, que permitirán atender la demanda local no satisfecha y aumentar la autosuficiencia de la comunidad.

No obstante, el FIDA no solo está reorientando las inversiones existentes. Acaba de poner en marcha un Mecanismo de Estímulo para la Población Rural Pobre en respuesta a la COVID-19 que permitirá canalizar fondos adicionales para apoyar a los agricultores y las comunidades rurales. Ya se están elaborando varias propuestas que abarcan la región de Asia y el Pacífico para su aprobación mediante un procedimiento acelerado.

La COVID-19 ya ha cambiado innumerables vidas de toda la región. Para muchos países, los años de avances en el desarrollo podrían perderse ahora. Lo que está claro es que se necesita una respuesta urgente, coordinada y multilateral. Como se señaló en la Declaración de la Reunión Extraordinaria de Ministros de Agricultura del G20, celebrada el 21 de abril, el FIDA se ha comprometido a trabajar en asociación con los Estados Miembros y dentro del sistema de las Naciones Unidas para mitigar los efectos de la COVID-19 en la seguridad alimentaria y asegurar que no se olvide a las poblaciones rurales más vulnerables.

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