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La respuesta a la COVID-19 debe centrarse en la agricultura y en los pobres de las zonas rurales de África

14 mayo 2020

Miembros de una cooperativa africana apoyada por el FIDA cortan piñas en rodajas para desecarlas para la exportación - ©FIDA/Edward Echwalu

De momento, África se ha librado de las peores consecuencias sanitarias de la pandemia de COVID‑19. Sin embargo, parece que el continente podría ser el más afectado por los efectos económicos colaterales de la crisis: 80 millones de africanos podrían verse abocados a la pobreza extrema si no se toman medidas. Y las perturbaciones que están experimentando los sistemas alimentarios aumentan las posibilidades de que un mayor número de africanos se suma en el hambre. Los habitantes de las zonas rurales, muchos de los cuales trabajan en pequeñas explotaciones agrícolas, son particularmente vulnerables a los efectos de la crisis. Por consiguiente, es fundamental que la respuesta a la crisis de la COVID‑19 se ocupe de la seguridad alimentaria y se concentre en las personas pobres de las zonas rurales.

En este momento, los programas de desarrollo internacionales están dando prioridad a la salud, la economía y la infraestructura. Pero también debe prestarse atención a la seguridad alimentaria, la agroindustria y el desarrollo rural. Esto es especialmente importante en el continente africano.

La agricultura aporta el 65 % del empleo de África y el 75 % de su comercio interno. Ahora bien, el rico potencial de la agricultura como instrumento para promover la seguridad alimentaria y luchar contra la pobreza se ve amenazado por los efectos de la COVID‑19.

En marzo, la Comisión Económica de las Naciones Unidas para África pronosticó una disminución del crecimiento de África del 3,2 % al 1,8 % en 2020. Dentro del continente, el confinamiento está trastornando el comercio interregional. El efecto de las medidas de restricción sobre el comercio de alimentos es especialmente preocupante, en particular para los países importadores de alimentos, pero también debido a la contracción de los mercados de exportación para los agricultores del continente.

En toda la Unión Europea (el mayor mercado de exportación de frutas y hortalizas frescas de África), ha disminuido la demanda de productos populares como los aguacates de Kenya, los cítricos de Sudáfrica y las hortalizas de Marruecos. Kenya también ha registrado una disminución de las exportaciones de té a destinos como el Irán, el Pakistán y los Emiratos Árabes Unidos del 8,5 %. En el interior de los países ya se observa que las interrupciones en los sistemas de transporte y distribución están impidiendo a los pequeños agricultores acceder a insumos esenciales, como semillas y fertilizantes, y llevar sus alimentos a los mercados.

Los Gobiernos africanos han establecido medidas de estímulo para mitigar los efectos económicos nacionales y regionales de la COVID-19. Al mismo tiempo, deben recordar que las inversiones en la agricultura pueden reducir la pobreza hasta cinco veces más que las inversiones en otros sectores. Las inversiones en la agricultura rural en pequeña escala son especialmente importantes para la seguridad alimentaria de la región, para salvaguardar los medios de vida de algunas de las personas más vulnerables y para mantener los avances en la mitigación de la pobreza y la creación de riqueza.

Tradicionalmente, las pequeñas explotaciones agrícolas de todo el mundo han contribuido de manera considerable a la seguridad alimentaria mundial. En ese sentido, los sistemas en que predominan las pequeñas explotaciones agrícolas producen el 50 % de la totalidad de las calorías alimentarias en el 30 % de las tierras agrícolas del planeta. Sin embargo, en África subsahariana, el papel de las pequeñas explotaciones agrícolas es aún más importante: en la mayoría de los países de la región, el 80 % de las explotaciones agrícolas responden a esas características.

Incluso antes de la crisis actual, más de 820 millones de personas pasaban hambre diariamente en el mundo. Y la mayoría de las personas pobres y hambrientas del planeta viven en las zonas rurales de los países en desarrollo. En África, la dependencia de las importaciones de alimentos y la falta de servicios e infraestructura que permitan a los pequeños agricultores producir y comercializar alimentos, junto con las alteraciones provocadas por el cambio climático, han aumentado la fragilidad del acceso a los alimentos.

En abril, el Banco Mundial proyectó que la pandemia azotaría a África con mayor fuerza que a cualquier otra región, arrastrando a 23 millones de personas a la pobreza. Esto plantea la cuestión de cómo pueden los pequeños productores de África acceder a los insumos y a la financiación para cultivar y vender los alimentos necesarios para garantizar la seguridad alimentaria y apoyar los medios de vida. Los dirigentes africanos deben situarse a la vanguardia de la financiación de la solución.

En abril, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) puso en marcha un fondo de donantes múltiples, a saber, el Mecanismo de Estímulo para la Población Rural Pobre (RPSF) en respuesta a la COVID‑19, con el fin de hacer frente a los efectos colaterales inmediatos de la pandemia para la población rural de África y otros lugares. El FIDA está especializado en la inversión en la población rural pobre, centrándose en las personas más pobres y marginadas. Entre otros objetivos, el nuevo mecanismo proporcionará a los pequeños agricultores y pescadores insumos básicos y les ayudará a acceder a los mercados y a mantener el flujo de efectivo. El FIDA comprometió USD 40 millones para el nuevo fondo, pero se propone reunir por lo menos USD 200 millones más de los Estados Miembros de las Naciones Unidas, las fundaciones y el sector privado.

El Mecanismo complementará y ampliará la labor que el FIDA ya ha venido realizando, a fin de reorientar las actividades de los proyectos existentes. En Malawi, por ejemplo, en el marco de un programa apoyado por el FIDA se están realizando transferencias sociales de efectivo a los agricultores extremadamente pobres y se están difundiendo mensajes sobre alfabetización financiera y prevención de la COVID-19. En Eritrea, se están proporcionando pequeños rumiantes y semillas a los hogares vulnerables con el fin de fortalecerlos, mantener la producción, facilitar el acceso a los mercados y salvaguardar su seguridad alimentaria durante la crisis.

Estas medidas inmediatas son esenciales para mitigar los peores riesgos de la crisis. También son importantes para salvaguardar las inversiones pasadas y en curso del FIDA destinadas a aumentar la resiliencia a largo plazo de los medios de vida rurales. En definitiva, es preciso asegurarse de que la población rural y sus empresas sean la base de unas economías rurales y unos sistemas alimentarios resilientes en toda África. De este modo, cuando se desencadene la próxima crisis, las personas vulnerables de hoy en día estarán en mejores condiciones de proteger sus medios de vida y evitar el riesgo de caer en la pobreza y el hambre. 

Por tanto, si bien es urgente alimentar a la población hoy, también hay que poner la mirada en los días, meses y años venideros. Esta es una de las razones por las que el FIDA da prioridad al desarrollo rural y agrícola a largo plazo y a la creación de resiliencia ante futuras crisis. También es la razón por la que instamos a los encargados de la formulación de políticas a que adapten las enseñanzas pertinentes de la forma en que brotes anteriores como el virus del Ébola afectaron a la agricultura y los sistemas alimentarios.

A largo plazo, esta pandemia pone de relieve la necesidad de que África emprenda una transformación de la agricultura y la agroindustria como el camino más seguro hacia el crecimiento económico inclusivo, la generación de riqueza y una mayor resiliencia.

Como Enviados Especiales, creemos en el mandato excepcional del FIDA y seguiremos colaborando estrechamente con el Fondo en la movilización de recursos para apoyar a las personas más vulnerables del continente africano. La pandemia expondrá los medios de vida de los grupos rurales marginados a desafíos sin precedentes. Para devolver la esperanza a los afectados, nos comprometemos firmemente con la idea de que nadie se quede atrás, especialmente en África.

Los autores, Olusegun Obasanjo, ex Presidente de la República Federal de Nigeria, y Hailemariam Desalegn Boshe, ex Primer Ministro de la República Democrática Federal de Etiopía, son Enviados Especiales del FIDA dedicados a movilizar el apoyo y promover una mayor inversión en las zonas rurales.