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Cinco maneras en que las organizaciones pueden ayudar a los países a preparar respuestas ágiles e inclusivas frente a la COVID-19

14 mayo 2020

©FIDA/Francesco Cabras

Es mucho lo que ya se ha escrito sobre los efectos de la COVID-19 en la agricultura, especialmente en las zonas rurales. La distancia de seguridad impuesta entre personas ha trastornado el acceso de los agricultores a los insumos, los servicios y los mercados. Muchos hogares rurales han perdido fuentes de ingresos no agrícolas fundamentales. Según las estimaciones, aún están por venir efectos más devastadores, con la pérdida de decenas de millones de puestos de trabajo en todo el mundo y 500 millones de personas que corren el riesgo de caer (de nuevo) en la pobreza.

Con todo, los problemas y las oportunidades son diferentes en distintos lugares, para distintos productos alimentarios y para distintas personas. También pueden cambiar de un día para otro, en respuesta a las circunstancias locales, y a lo largo de la temporada de cultivo. Así pues, ¿cómo podemos mejorar la capacidad local para responder a esta emergencia de manera ágil e inclusiva?

La experiencia de la crisis del Ébola de 2015 y las primeras enseñanzas extraídas de la respuesta de China a la COVID-19 demuestran que es fundamental establecer mecanismos institucionales y de comunicación rigurosos entre las partes interesadas, así como determinar y resolver rápidamente las cuestiones que vayan surgiendo. En este artículo, presentamos una lista de cinco medidas clave que pueden adoptar las organizaciones para ayudar a los países a crear estos mecanismos. Si bien nos hemos basado en gran medida en nuestra experiencia en la región de Asia y el Pacífico, estas medidas pueden aplicarse en todo el mundo.

  1. Restablecer rápidamente los canales de comunicación dentro de las iniciativas de desarrollo y con otros agentes.
    Las redes sociales y las soluciones digitales son especialmente útiles en este sentido. Por ejemplo, en muchos programas apoyados por el FIDA se han creado grupos de WhatsApp con los principales productores rurales, que les permiten señalar los problemas a medida que se presentan y encontrar soluciones innovadoras.

    Los productores rurales, los mercados y los proveedores también están utilizando plataformas y aplicaciones en línea, como las herramientas de geolocalización, para establecer conexiones. En Camboya, el proyecto ASPIRE, apoyado por el FIDA, tiene previsto utilizar la geolocalización para ubicar y encontrar a los beneficiarios. Del mismo modo, las comunidades de práctica han desempeñado un papel fundamental al permitir a las partes interesadas intercambiar información sobre problemas, conocimientos y mejores prácticas entre países y proyectos, lo que ha permitido un aprendizaje rápido y la posibilidad de ampliar de escala las soluciones.

    La información recabada por medio de esos instrumentos y redes puede ayudar a perfilar respuestas incluyentes de los Gobiernos y los asociados para el desarrollo.
  2. Establecer sistemas de extensión sólidos y asegurarse de que estén descentralizados y sean inclusivos.
    Por muy útiles y eficaces que puedan ser las nuevas tecnologías, muchas zonas pobres y remotas siguen sin tener acceso a Internet y no pueden utilizar herramientas basadas en la telefonía móvil. En esos casos, los especialistas de la comunidad pueden desempeñar un papel fundamental en la circulación de la información y aportar su contribución a la respuesta local. Por ejemplo, en el estado de Andhra Pradesh, en la India meridional, donde el Gobierno mantiene un seguimiento diario de los planes de cosecha y de las cuestiones logísticas, los trabajadores de extensión de los gram panchayats (órganos municipales) están recibiendo asistencia de voluntarios, cada uno de los cuales llega a unos 50 hogares. El FIDA hace importantes inversiones en la creación de sistemas de extensión inclusivos similares, apoyándose en instituciones y especialistas de ámbito comunitario.
  3. Invertir en mecanismos de coordinación inclusivos a diferentes niveles.
    Ya en febrero, el Gobierno del estado de Mizoram, situado al noreste de la India, estableció varios equipos de tareas para hacer frente a los diversos efectos de la COVID-19 en la vida cotidiana. De este modo, el Gobierno pudo tomar decisiones rápidas que permitieron a los agricultores acceder al material de plantación para la temporada de siembra actual. En este momento existen grupos de tareas similares en otros estados de la India y a nivel nacional.

    Es importante señalar que estos mecanismos permiten elevar al Gobierno los problemas que requieren su atención, propiciando cambios rápidos en las políticas y los reglamentos. En la India y en otros países, el FIDA colabora con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y otros organismos de las Naciones Unidas para contribuir a estos sistemas.
  4. Propiciar y acometer acciones colectivas basadas en una información y planificación de calidad.
    La recopilación de información y de posibles respuestas puede permitir preparar con rapidez un marco de acción colectiva centrado en el ciudadano. Por ejemplo, en Kerala, estado meridional de la India, que ha sido uno de los estados que mejor ha controlado la pandemia, había 500 toneladas de piña que corrían el riesgo de desperdiciarse durante el confinamiento nacional, pero un grupo de tareas dirigido por el departamento estatal de agricultura pudo preparar planes de contingencia en los que participaron diversos agentes, incluidas las organizaciones de agricultores.

    Del mismo modo, el Gobierno de Bhután pidió a cada uno de sus distritos que elaborara un plan de seguridad alimentaria en el que se tuvieran en cuenta los problemas específicos que se preveía habría que afrontar a causa de la COVID-19. Esos planes sirvieron de punto de partida para validar el análisis y las medidas prioritarias de los asociados, incluido el FIDA.
  5. Aprovechar las organizaciones, tanto de ámbito local como nacional.
    Las organizaciones de agricultores desempeñan un papel fundamental en la defensa de los agricultores rurales y en la tarea colectiva de señalar los problemas y exigir soluciones. En tiempos de crisis, esta función es aún más importante si cabe.

    En toda la región de Asia y el Pacífico, esas organizaciones han actuado con rapidez para llegar a sus miembros y poner en marcha un análisis de la situación, ofrecer apoyo focalizado y trabajar con funcionarios de diversos niveles para asegurar la participación de los pequeños agricultores en las decisiones.

    En Bangladesh, el Programa Nacional de Tecnología Agrícola (un proyecto financiado por el FIDA y el Banco Mundial) presta apoyo a grupos de interés común y a organizaciones federadas de grandes productores. Las inversiones del proyecto en el acceso a los mercados, el transporte, el almacenamiento y la mecanización de las explotaciones agrícolas han permitido a los agricultores y a los empresarios rurales responder a las perturbaciones del sistema del mercado agrícola.

    En la India, se ha reconocido que las organizaciones de productores agrícolas contribuyen de manera importante a mantener en funcionamiento la cadena de valor, garantizar el acceso de sus miembros a los mercados y servicios y contribuir a la respuesta del Gobierno.

    La Asociación de Agricultores de Asia, beneficiaria del FIDA, amplifica constantemente las voces de los agricultores. Recientemente, ha difundido una serie de mensajes en vídeo contundentes de agricultores de diferentes países que reflejan los problemas a los que se enfrentan en este momento. También ha creado un mecanismo de captación de fondos para apoyar a los agricultores familiares durante la emergencia de la COVID-19 y fortalecer su resiliencia.

Con unas instituciones y mecanismos de gobernanza robustos e inclusivos, así como con la innovación digital, podemos preparar respuestas adecuadas a nivel local para proteger nuestros sistemas alimentarios contra las crisis, ya sean sanitarias o naturales, y asegurarnos de que nadie se quede atrás. Hoy tenemos la oportunidad de aprender de esta crisis y de realizar las inversiones que pueden ayudarnos a crear instituciones ágiles, inclusivas y resilientes a nivel local y nacional.

Nota: Las autoras desean expresar su agradecimiento a Rasheed Sulaiman, de la AESA, por sus valiosas observaciones, así como a organizaciones como la AESA y el GFRAS por documentar las experiencias de sus participantes.

Más información sobre la respuesta del FIDA a la COVID-19.