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El FIDA presenta un nuevo fondo para ayudar a prevenir que la pandemia de la COVID-19 ocasione una crisis alimentaria

20 abril 2020

©IFAD/Francesco Cabras

Roma, 20 de abril de 2020. Con la pandemia de COVID-19 y la desaceleración económica amenazando la vida y los medios de subsistencia de las personas más vulnerables del mundo, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) de las Naciones Unidas se ha comprometido hoy a aportar USD 40 millones y ha hecho un llamamiento urgente a la contribución de fondos adicionales para ayudar a los campesinos y las comunidades rurales a que sigan creciendo y vendiendo alimentos.

El nuevo fondo de donantes múltiples del FIDA en respuesta a la COVID-19, el Mecanismo de Estímulo para la Población Rural Pobre, mitigará los efectos de la pandemia en la producción de alimentos, el acceso a los mercados y el empleo rural.  En el marco más amplio de respuesta socioeconómica a la COVID-19 de las Naciones Unidas, el Mecanismo de Estímulo velará por que los campesinos de los países más vulnerables dispongan de un acceso oportuno a los insumos, la información, los mercados y la liquidez. Además de su propia aportación, el FIDA aspira a recaudar al menos USD 200 millones más de los Estados Miembros, fundaciones y el sector privado.

“Debemos actuar ahora para evitar que la crisis sanitaria se convierta en una crisis alimentaria”, afirmó Gilbert F. Houngbo, Presidente del FIDA. "Las consecuencias de la COVID-19 pueden sumir todavía más en la pobreza, el hambre y la desesperación a las familias rurales, lo que constituye una verdadera amenaza para la prosperidad y la estabilidad mundiales. Con la adopción de medidas inmediatas podemos proporcionar a la población rural los instrumentos necesarios para adaptarse y lograr una recuperación más rápida, y evitar así una crisis humanitaria todavía mayor".

Debido a la restricción a la libre circulación para contener la propagación del virus, muchos pequeños productores no pueden acceder a los mercados para vender sus productos o adquirir insumos, como semillas o fertilizantes. También es probable que el cierre de las principales rutas de transporte y las prohibiciones a la exportación repercutan negativamente en los sistemas alimentarios. Las personas más vulnerables a la interrupción de las cadenas de producción completas y el aumento del desempleo son los jornaleros, las pequeñas empresas y los trabajadores informales, que en muchos casos son mujeres y jóvenes. El regreso de los trabajadores de las ciudades que se han visto afectados por el confinamiento supondrá una presión todavía mayor para los hogares rurales, que también dejarán de recibir las tan necesarias remesas.

En torno al 80 % de la población más pobre y con mayor inseguridad alimentaria del mundo vive en zonas rurales. Ya antes del brote de este nuevo coronavirus, más de 820 millones de personas pasaban hambre cada día. En un reciente estudio de la Universidad de las Naciones Unidas se advirtió de que, en el peor de los supuestos, el impacto económico de la pandemia podría sumir a 500 millones de personas más en la pobreza.

“Esta pandemia está poniendo en peligro los logros que hemos alcanzado en la reducción de la pobreza durante los últimos años. Para evitar una disrupción grave en las economías rurales, es indispensable garantizar el continuo funcionamiento de la agricultura, las cadenas alimentarias, los mercados y el comercio”, indicó Houngbo.

“La mayor parte de la población más empobrecida del mundo ya está sufriendo los efectos del cambio climático y los conflictos. Una recesión económica en las zonas rurales podría agravar esos efectos y generar más hambre e inestabilidad, sobre todo en los países en situación de fragilidad”.

El Mecanismo de Estímulo para la Población Rural Pobre se centrará en las siguientes actividades:

  • Suministrar insumos para la agricultura, la ganadería y la pesca a los pequeños productores con el objetivo de que puedan capear los efectos inmediatos de la crisis económica.
  • Facilitar el acceso a los mercados para ayudar a los pequeños productores a vender sus productos cuando la restricción a la libre circulación afecte al funcionamiento de los mercados, en particular prestando apoyo en materia de logística y almacenamiento.
  • Proporcionar fondos específicos a los servicios financieros rurales para garantizar que haya suficiente liquidez disponible y reducir los requisitos inmediatos de reembolso de préstamos con el fin de conservar los servicios, los mercados y los empleos de la población rural pobre.
  • Utilizar servicios digitales para compartir información básica sobre la producción, el clima, la financiación y los mercados.

El FIDA cuenta con una amplia experiencia en la actuación en situaciones de fragilidad y el fortalecimiento de la resiliencia de la población rural. Por ejemplo, en Sierra Leona, durante el brote del virus del Ébola, los bancos respaldados por el FIDA fueron los únicos que ofrecieron servicios bancarios y financieros en las zonas afectadas. Prestaron una asistencia oportuna durante ese brote y apoyaron la renovación de la economía rural después de la crisis.

Incluso antes de la pandemia de COVID-19, el FIDA ya estaba ampliando sus programas y pidiendo a los Estados Miembros que invirtieran más en el desarrollo rural para lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2, poner fin al hambre.

“Una respuesta oportuna a la pandemia constituye una oportunidad para reconstruir los sistemas alimentarios del mundo y que sean más sostenibles e inclusivos, así como para fomentar la resiliencia de la población rural a las crisis, independientemente de si están vinculadas a la salud, el clima o los conflictos”, afirmó Houngbo.

El FIDA ha recibido solicitudes de los Gobiernos de más de 65 países para contribuir a la respuesta al impacto de la pandemia. Ya ha adaptado sus proyectos y desviado fondos para apoyar esa respuesta.


PR/20/2020

El FIDA invierte en la población rural y, al empoderar a estas personas, las ayuda a reducir la pobreza, aumentar la seguridad alimentaria, mejorar la nutrición y fortalecer la resiliencia. Desde 1978, hemos destinado 22 400 millones de dólares de los Estados Unidos en donaciones y préstamos a bajo interés a proyectos que han permitido llegar a alrededor de 512 millones de personas. El FIDA es una institución financiera internacional y una organización especializada de las Naciones Unidas con sede en Roma, donde se encuentra el mecanismo central de las Naciones Unidas para el sector de la alimentación y la agricultura.