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Un sistema de agua financiado por el FIDA ayuda a los estudiantes kenianos a protegerse

El mes pasado, les contamos la historia del Instituto de Formación Técnica Mukurwe-ini, una escuela en el condado Nyeri de Kenya cuyo nuevo sistema de captación de agua de lluvia instalado en el techo estaba mejorando las vidas de los estudiantes, el personal y los residentes de las cercanías.  Hace unos días, tras la llegada a Kenya de la COVID-19, nos comunicamos con Patrick Muchemi, el director del Instituto.

A pesar de la situación, el sistema de captación de aguas superó la prueba y permitió a los 1 400 estudiantes y empleados del Instituto mantener niveles elevados de higiene en los días posteriores al brote de la enfermedad.

“Tener nuestro propio acceso permanente a agua limpia durante la crisis marca una enorme diferencia; es vital”, dice Patrick.

Durante años, el agua ha sido un verdadero problema para el Instituto y las comunidades agrícolas vecinas. El sistema de distribución que existía funcionaba por medio de la gravedad, lo que obligaba al Instituto, situado en lo alto de una colina, a racionalizar el agua entre sus empleados y estudiantes. Por su parte, las aldeas cercanas situadas en zonas bajas luchaban para hacer frente a la escorrentía masiva de superficie provocada por las fuertes lluvias.

Gracias al Proyecto para la Gestión de los Recursos Naturales de la Cuenca Alta del Río Tana, financiado por el FIDA (Proyecto para la Gestión de los Recursos Naturales de la Cuenca Alta del Río Tana), el Instituto pudo invertir en un sistema de captación de aguas que les permite recoger el agua de lluvia y almacenarla para usarla más adelante. También reduce la escorrentía a los valles cercanos y permite al Instituto mantener extensas huertas en las que trabajan estudiantes y aldeanos locales.

Pasó una semana entre que la COVID-19 llegó a Kenya y Patrick cerró la escuela y envió a todos sus estudiantes a casa.

“Durante esa semana, nuestro personal y nuestros estudiantes debían lavarse las manos cada dos horas, como se recomienda. La demanda de agua fue enorme, pero afortunadamente pudimos satisfacerla”, cuenta Patrick.

Ahora que los estudiantes están en sus hogares, el agua es esencial para los equipos rotativos de 18 personas (entre personal y trabajadores) que se encargan de la seguridad, de algunos servicios administrativos mínimos, de atender la huerta (incluidas las rosas de Patrick, por supuesto) y de hacer trabajos de construcción y mantenimiento.

Las inversiones en el sistema de agua del Instituto han marcado una enorme diferencia en este momento, y antes de la pandemia de la COVID-19 también ya estaban mejorando sustancialmente las vidas de los estudiantes, el personal y las comunidades cercanas. Estas inversiones están demostrando su incalculable valor, y en el caso de muchos, seguramente serán útiles para avanzar hacia un futuro brillante.

Obtenga más información sobre la labor del FIDA en Kenya.