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Cupones electrónicos que marcan la diferencia en Kenya

Una iniciativa que apoya a los agricultores kenianos desde antes de la COVID19 y ahora aún mas

Victoria Muteti, agricultora keniana de 44 años de edad que vive en el condado de Makueni, tiene muchos motivos para estar satisfecha. En enero de 2020, llegó a cosechar más de 2 500 kg de sorgo en su explotación agrícola de 2,5 acres (1 hectárea), muy por encima de los 1 000 kg que cosechó en 2019. Lo mismo puede decirse de su producción de soja verde, que pasó de 316 kg en 2019 a 360 kg en enero de este año. En el año previo, había cosechado solamente 90 kg de cada cultivo. Recientemente, ha podido vender parte de su cosecha, obteniendo unos USD 800.

Estas ganancias no podían haber sido más oportunas para Victoria. Por suerte, puede seguir cultivando durante la pandemia de COVID-19, observando al mismo tiempo todas las medidas de distanciamiento social necesarias, y los ingresos adicionales que ha obtenido en los dos últimos años le han ayudado a mejorar su nutrición, junto con muchas otras facetas de su vida.

Victoria debe estos logros a su participación en una iniciativa de vales electrónicos en la que se inscribió en el marco del Programa de Mejora de la Producción de Cereales en Kenya – Modalidad de Fomento de Medios de Vida Agrícolas Resistentes al Cambio Climático (KCEP-CRAL), un programa ejecutado por el Gobierno de Kenya y financiado conjuntamente con el FIDA y la Unión Europea (UE). Aunque la iniciativa se puso en marcha mucho antes del brote, sus efectos positivos están ayudando a Victoria y a muchos de sus compañeros participantes, que representan eslabones de toda la cadena de valor agrícola, a capear el temporal actual.

© FIDA/Edward Echwalu - Victoria inspecciona su explotación de soja verde.

"Antes de que comenzara el programa, simplemente sembrábamos y esperábamos a lo que Dios nos diera; ahora sabemos, con seguridad, que conseguiremos más alimentos", dice.

Como parte de la iniciativa de los vales electrónicos, Victoria recibió semillas certificadas, fertilizantes, plaguicidas y productos poscosecha, junto con capacitación en buenas prácticas agrícolas, donde aprendió nuevas formas de cultivar su tierra y aplicar agroquímicos de manera segura. Incluso pudo tener acceso a servicios sostenibles de roturado de tierras, proporcionados por proveedores de servicios de agricultura de conservación, también vinculados a la plataforma de vales electrónicos, que permiten preservar la tierra y mejorar la capacidad de almacenamiento de agua. 

La nutrición y la seguridad alimentaria de Victoria también mejoraron. Antes de incorporarse al programa, dependía entre cosecha y cosecha de las ayudas del Gobierno. Ahora dispone de un excedente para vender y puede obtener ingresos. Su dieta también se ha enriquecido. Ahora puede comer parte del sorgo que cultiva, en lugar de guardarlo todo para sus pollos. También ha invertido parte de sus ingresos en un gallinero y una vaca, lo que reforzará aún más su dieta y le aportará ingresos adicionales.

Para la temporada de siembra actual, unos 4 800 agricultores de ocho condados adscritos al programa han accedido a diversos insumos y servicios de agricultura de conservación a través de la iniciativa de los vales electrónicos, todo ello respetando las restricciones necesarias.

Los cultivos básicos que producen esos agricultores contribuyen a las reservas alimentarias nacionales y, por tanto, garantizan la continuidad de la seguridad alimentaria. Actualmente, se almacenan unas 2 500 toneladas métricas de maíz en instalaciones financiadas por el programa, que comprará el Gobierno de Kenya como parte de los esfuerzos de la nación por aumentar sus reservas de alimentos.

Muchos agricultores también pueden mantener sus propios almacenes de grano gracias a las lonas y bolsas herméticas suministradas como parte del programa. Sus reservas actuales les ayudarán a mantener la seguridad alimentaria hasta la próxima cosecha, un recurso fundamental, dado que muchos mercados del país están actualmente paralizados.

© FIDA/Edward Echwalu - Malia pasa su tarjeta de vales electrónicos durante una visita a un comercio de productos agrícolas.

Aparte de los agricultores, el Programa de Mejora de la Producción de Cereales en Kenya aporta valor a muchos otros agentes. Por ejemplo, los proveedores de servicios de agricultura de conservación se han beneficiado especialmente del programa. Sus servicios tienen una gran demanda, que supera la oferta y las capacidades en la mayoría de los casos.

Malia Kimanthi, una agricultora de 54 años de edad, ha ganado mucho con su participación en la iniciativa de los vales electrónicos. Formada en agricultura de conservación durante un proyecto anterior financiado por la UE y ejecutado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en el que se basa el Programa de Mejora de la Producción de Cereales, ahora se dedica a enseñarla a otros agricultores, además de gestionar un servicio de roturación de suelos.

"El proyecto ha cambiado mi vida. Ahora tengo una casa moderna y puedo enviar a dos de mis hijos a la universidad", explicaba Malia en diciembre pasado. "También he disfrutado trabajando con los agricultores y explicándoles cómo la agricultura de conservación puede mejorar el rendimiento y generar excedentes".

Actualmente Malia alquila dos tractores para prestar sus servicios de roturación de suelos. Espera obtener un crédito de un banco y comprar su propio tractor en un par de años, cuando su primera hija haya terminado la universidad.

Mientras tanto, Oscar Makau Nzioka, de 28 años de edad, también se ha beneficiado del programa, aunque de manera indirecta. Vio una oportunidad en los servicios de agricultura mecanizada e invirtió en dos tractores, que ahora alquila a otras personas, incluida Malia.

"La demanda de servicios de agricultura de conservación y de tractores supera a la oferta. Es insaciable", dice Oscar.

© FIDA/Edward Echwalu - Oscar al volante de uno de sus tractores.

En la cercana aldea de Nthonguni, la iniciativa de los vales electrónicos también ha beneficiado a Urbanus Wambua, el comerciante local de productos agrícolas. Antes de la COVID-19, su negocio creció un 40 % después de unirse al programa. También pudo crear puestos de trabajo: el otoño pasado contrató a un residente local para que le ayudara en su tienda.

Recientemente, las nuevas restricciones de movimiento y las medidas de seguridad sanitaria han mantenido alejados a los compradores, lo que ha dado lugar a una caída del 50 % en las ventas. Pero Urbanus confía en que las ventas se reanudarán una vez que termine la emergencia.

El enfoque holístico del programa con respecto al desarrollo asegura sus resultados. El programa se centra en intervenciones en todos los niveles de la cadena de valor para beneficiar a todos: investigadores, agricultores, proveedores de insumos, comerciantes de productos agrícolas, proveedores de servicios agrícolas, instituciones financieras y agentes del mercado, así como el Gobierno. En total, casi 83 000 pequeños productores rurales se han beneficiado de la iniciativa de los vales electrónicos.

De hecho, ha tenido tanto éxito que el Gobierno de Kenya está ampliando actualmente la iniciativa de los vales electrónicos mediante un enfoque gradual para incluir otros productos básicos en todo el país. Como ocurre con muchas otras iniciativas de todo el mundo, cualquier intervención que ayude a los pequeños productores a seguir trabajando es un valioso aliado contra la COVID-19.

Más información sobre la respuesta del FIDA a la COVID-19.

Obtenga más información sobre la labor del FIDA en Kenya.

Más información sobre la asociación del FIDA con la Unión Europea.

El Programa de Mejora de la Producción de Cereales en Kenya – Modalidad de Fomento de Medios de Vida Agrícolas Resistentes al Cambio Climático (KCEP CRAL) está cofinanciado por la Unión Europea. El contenido de este reportaje es responsabilidad exclusiva del FIDA y no refleja necesariamente las opiniones de la Unión Europea.