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Mitigar los efectos de la COVID-19 en la agricultura en pequeña escala en Gambia

©FIDA/Nana Kofi Acquah

La pandemia de la COVID-19 ha puesto de relieve cuán vulnerables son las cadenas de valor agrícolas a las perturbaciones externas, así como lo mucho que queda por hacer para aumentar la resiliencia del sector.  Más allá de los efectos que tiene en la salud humana, la COVID-19 está alterando la economía interconectada del mundo al ocasionar grandes caídas de los precios de los productos básicos, los ingresos fiscales y los flujos financieros e ingresos de divisas, y al originar restricciones de viaje, la reducción del turismo y la inactividad de los mercados laborales.

A raíz de ello, los interrogantes sobre la sostenibilidad de las inversiones realizadas durante el último decenio en el desarrollo rural y agrícola resultan particularmente pertinentes en la actualidad. De no existir mecanismos de apoyo adecuados, los logros alcanzados gracias a esas inversiones podrían perderse por completo en poco tiempo, especialmente en contextos como el de Gambia, donde los medios de vida de la población pobre de las zonas rurales son particularmente sensibles a diversos factores económicos internos y externos.

COVID-19: una verdadera amenaza para la población rural de Gambia

Debido a las elevadas tasas de infección y transmisión de la COVID-19, el Gobierno de Gambia ha tomado medidas extraordinarias para frenar la propagación de la enfermedad. Entre esas medidas figura el cierre de los mercados semanales locales (lumos), que resulta particularmente perjudicial para los pequeños productores rurales. Diversas organizaciones de productores de arroz y vegetales ya han manifestado tener dificultades para comprar y vender debido al cierre de los lumos en todo el país.

“Ni siquiera sabemos con seguridad si tendremos insumos agrícolas este año”, ha señalado Hawa Jagne, Presidenta de la cooperativa de agricultores de Boiram.

Los efectos de la pandemia también están agudizando los desafíos de larga data que afectan a la seguridad alimentaria de Gambia. El rendimiento de los cultivos de cereales básicos ha venido disminuyendo de manera constante en los últimos 10 años en comparación con los volúmenes del resto de África Occidental, lo que hace que se dependa cada vez más de la importación de alimentos. En la actualidad, ante las mayores probabilidades de que se produzcan crisis alimentarias, la vida y los medios de subsistencia de gran parte de la población rural de Gambia están en peligro.

Además, muchos trabajadores migrantes han perdido sus empleos. Si bien esta situación ya ha causado problemas económicos en muchas partes del mundo, sus consecuencias son especialmente graves en Gambia, donde los flujos de remesas contribuyen de manera considerable al crecimiento económico (15,3 % del PIB) y a la capacidad de los hogares para satisfacer sus necesidades alimentarias y otras necesidades básicas. Cerca del 60 % de la población rural de Gambia depende de las remesas, por lo que cualquier disminución o interrupción de los flujos de remesas incidirá negativamente en la seguridad alimentaria.

Si bien la pandemia de la COVID-19 está acentuando los riesgos a los que está expuesta toda la población rural, no cabe duda de que afectará con especial intensidad a los medios de vida de las mujeres. Al igual que muchas otras mujeres del medio rural, las mujeres de Gambia dependen en gran medida de la economía informal y del sector agroempresarial. Las perturbaciones que afectan a estos sectores podrían dar lugar a una marcada disminución (o bien, una interrupción) de los ingresos que resultan esenciales para cubrir las necesidades alimentarias y sanitarias de las familias de esas mujeres.

Aumentar la resiliencia de los pequeños productores rurales de Gambia

Hasta la fecha, el FIDA ha respaldado 11 proyectos de desarrollo rural en Gambia, que han beneficiado a cerca de 200 000 hogares rurales del país. Poco antes del inicio del brote de la COVID-19, y tras siete años de duración, se concluyó el Proyecto Nacional de Fomento de la Gestión de las Tierras Agrícolas y los Recursos Hídricos(NEMA), el cual se centró en varias esferas que ahora se están viendo afectadas por la COVID-19: el sentido de apropiación local, el acceso a los mercados, la resiliencia y la sostenibilidad.

Como principal donante y asociado para el desarrollo del sector agrícola de Gambia, el FIDA también ha comenzado a ofrecer ayuda de emergencia adicional a fin de prevenir y frenar el avance de la pandemia en el país. En el último tiempo, hemos readaptado nuestras inversiones destinando el saldo de los fondos correspondientes al NEMA, cuyo valor asciende a unos USD 940 000, a la compra de semillas, fertilizantes y equipos sanitarios (que incluyen artículos como mascarillas) para los productores rurales.

Además, a fin de ayudar a los pequeños productores rurales del mundo a evitar que se produzca una crisis alimentaria en las zonas rurales tras el brote de la COVID-19, el FIDA también ha puesto en marcha un Mecanismo de Estímulo para la Población Rural Pobre. Debido a que la mayoría de los productores de Gambia a los que hemos prestado asistencia hasta ahora reunirían las condiciones para recibir ayuda en el marco de este fondo, el Mecanismo podría estar en condiciones de apoyar los esfuerzos que realiza Gambia para contrarrestar los devastadores efectos de la pandemia.

La situación en Gambia sigue evolucionando. Mientras tanto, el FIDA está dispuesto, como siempre, a ayudar a los pequeños productores rurales.

 

 

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Obtenga más información sobre la respuesta del FIDA a la COVID-19.