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Mantener el flujo de las exportaciones: Proteger los avances que se han logrado en Rwanda

©FIDA/Edward Echwalu

Cuando se reanudaron las exportaciones de piña deshidratada a comienzos de mayo, el presidente de la cooperativa de agricultores de Tuzamurane, Jean Damascène, se sintió aliviado.

La cooperativa, con sede en el distrito de Kirehe en Rwanda, tenía seis toneladas de piñas orgánicas deshidratadas listas para exportar cuando se desató la COVID-19. La imposición de una serie de medidas de confinamiento alrededor del mundo, como, entre otras, la suspensión de los viajes internacionales, las restricciones a la circulación en Europa que no permitía a su cliente en Francia comprar y vender sus productos y el cierre temporario de las actividades públicas en Rwanda, supusieron un duro golpe a la cooperativa, amenazando los beneficios alcanzados gracias a las inversiones realizadas en años anteriores y debilitando sus ambiciosas perspectivas de crecimiento.

«El impacto en nuestras actividades fue muy grande y el futuro de la cooperativa era incierto», comenta Jean.

«Debimos suspender temporalmente a parte de los trabajadores asignados a la unidad de procesamiento. Los agricultores continuaban sembrando y cosechando, a pesar de que obtenían precios bajos por las piñas. Pero ahora somos optimistas. Acabamos de exportar dos toneladas y esperamos nuevos pedidos».

El cultivo orgánico abre nuevos mercados

Creada en 2005, con el transcurso de los años la cooperativa se ha transformado en una operación exitosa de cultivo y procesamiento de piñas.

Su historia comenzó realmente en 2009, cuando un miembro de la cooperativa conoció a un grupo de potenciales compradores de piñas orgánicas en una exposición de alimentos en Bélgica. Con el respaldo del Gobierno de Rwanda, la cooperativa comenzó con la producción orgánica.

«Al principio, fue difícil convencer a los agricultores de que adoptaran técnicas de cultivo orgánico, pero gradualmente comprendieron que era mejor para el suelo y la salud», explica Albert Kamana, agrónomo de la cooperativa. «También pagamos el doble [del precio] que lo que pagan los comerciantes de productos convencionales y les garantizamos un mercado», agrega.

Los trabajadores en el nuevo centro de procesamiento de la cooperativa de Tuzamurane preparan piñas deshidratadas para ser enviadas a Europa.  ©IFAD/Edward Echwalu

En 2015, la cooperativa comenzó a procesar las piñas en rodajas deshidratadas y a exportarlas a Francia. El Gobierno de Rwanda los asistió para construir su primera fábrica y adquirir las máquinas de secado. La USAID los ayudó a comprar parte del equipamiento y a reclutar a parte de los trabajadores permanentes, y también les proporcionó capacitación poscosecha. Ahora, el proyecto Proyecto de Apoyo a los Agronegocios y las Actividades Poscosecha (PASP), un esfuerzo conjunto del FIDA y el Gobierno de Rwanda, está apoyando a la cooperativa durante la expansión de sus operaciones.

El proyecto ha permitido que los agricultores de la cooperativa aumenten sus ingresos; además de generar significativos beneficios adicionales.

Al crecer el negocio, crece la comunidad

«Ahora puedo pagar los gastos de educación de nuestros hijos», dice Jeanne d’Arc Nirere, una joven de 39 años, madre de cuatro hijos, que se unió a la cooperativa en 2016. «Y esperamos también poder mandar a nuestros hijos a la universidad».

Jeanne d’Arc maneja sola la producción; su marido es conductor de camiones. Con el dinero que gana, ella ha invertido en dos hectáreas y media adicionales de tierra para cultivar más piñas.

«La producción de piñas es mi vida ahora, y soy optimista de que mejorará», agrega, sonriendo.

Jeanne d’Arc Nirere posa para una foto en su campo de piñas. ©FIDA/Edward Echwalu

La cooperativa paga el seguro médico de sus 141 miembros y sus familias. El año pasado, también comenzó a aportar para su pensión.

El impacto de la cooperativa se extiende más allá de sus miembros. Ha construido tanques de agua y refugios para los miembros que residen en las comunidades más pobres, y de forma periódica distribuye gratuitamente la cáscara de la piña para alimentar al ganado local.

Lo que es importante es que la cooperativa también genera oportunidades de trabajo. Hoy día, emplea a 100 trabajadores eventuales y a 20 trabajadores permanentes. Alrededor del 70 % son jóvenes y el 55 % son mujeres.

«Tengo la suerte de trabajar aquí y muchos de mis amigos quieren también hacerlo; han oído sobre el plan de desarrollo», dice Honorine Mushimiyimama, madre soltera de 22 años con cuatro hijos, trabajadora de la planta de procesamiento. «Antes de comenzar a trabajar aquí, no tenía dinero para comprar alimentos o ropa para mi hijo».

Olivier Iradukunda también tiene 22 años y trabaja en la planta de procesamiento. Sus ingresos han generado nuevas oportunidades para él y su familia.

«Ayudo a mis padres a pagar los gastos escolares de mis hermanos y, cuando haya ahorrado lo suficiente, quiero seguir estudiando», explica. En el ínterin, ha comenzado a cultivar maíz en un terreno que alquila, y también cría cerdos y pollos para generar ingresos complementarios.

Seguir adelante a pesar de la COVID-19

La cooperativa no quiere quedarse de brazos cruzados.

«Avanzaremos con nuestro plan de negocios, a pesar del impacto negativo de la COVID-19, y de que aún tenemos 4 toneladas de la producción sin vender», dice Jean Damascène. «Desde el comienzo, nuestra historia ha sido un viaje de la oscuridad a la luz».

La cooperativa sigue planificando aumentar sus operaciones en un 70 %. Esto significa aumentar la producción de tres toneladas a cinco toneladas por año, contratar a otros 12 trabajadores permanentes, y duplicar el número de trabajadores eventuales.

Gracias a la financiación del Proyecto de Apoyo a los Agronegocios y a las Actividades Poscosecha, se ha construido una planta de procesamiento más moderna. Ahora que su proveedor sudafricano puede operar nuevamente, esperan que dentro del mes llegue la nueva máquina de secado que encargaron a principios de este año. También compraron un tractor, que debería llegar en junio.

Los agricultores están esperando, y hay muchas solicitudes de admisión a la cooperativa. No es de extrañar por qué: los beneficios que aporta a sus miembros, y a la comunidad en general, están transformando sus vidas.