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De La Paz a Turco: volver a las raíces para comenzar una nueva vida

© FIDA Bolivia/Juan Manuel Rada

Guadalupe Moller vive en Turco, una pequeña comunidad rural al oeste de Bolivia, cerca de la frontera con Chile. Había vivido la mayor parte de su vida en La Paz, la capital del país, pero hace cuatro años, se mudó aquí, donde están las raíces de su familia. A sus 61 años, y gracias a Pro-Camélidos, un proyecto financiado por el FIDA e implementado por el Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, ha comenzado una nueva vida en la tierra de sus antepasados.

Sus padres emigraron a La Paz cuando ella era joven. Guadalupe creció allí y conoció a su esposo justo antes de comenzar la universidad. Cuando los hijos comenzaron a llegar, abandonó sus estudios y se dedicó a criarlos mientras su esposo terminaba su licenciatura en derecho.

El plan dio sus frutos. “Gracias a nuestro esfuerzo pudimos brindar educación a nuestros hijos, que ahora son profesionales”, declara Guadalupe con orgullo.

Hace cuatro años, con sus hijos ya comenzando sus propias carreras, la familia se encontró en una encrucijada. El esposo de Guadalupe y su familia, también de Turco, todavía tenían algunas tierras y rebaños de llamas en esta localidad. Como ella y su esposo vivían en La Paz, corrían el riesgo de perder sus derechos de pastoreo. La familia no quería perder algo que había costado tanto esfuerzo adquirir, así que Guadalupe decidió regresar a Turco para hacerse cargo de las tierras y el ganado.

Su esposo e hijos siguieron trabajando en La Paz. “Me tocó volver a Turco sola para ocuparme de las cosas”, dice ella. Mis padres dejaron la comunidad para darle a su familia una vida mejor. Después de tantos años, yo volví para hacer lo mismo: recuperar los derechos históricos de pastoreo y contribuir al bienestar de mi familia desde aquí”.

Guadalupe hace una pausa para una foto mientras prepara charque. (FIDA Bolivia/ Juan Manuel Rada)

En Turco Guadalupe se hizo amiga de algunas mujeres que le enseñaron cómo producir charque, un alimento elaborado con carne de llama triturada y secada con sal muy demandado en las comunidades rurales andinas. Guadalupe Moller se convirtió en miembro de la Asociación de Productores Agroindustrial Suma Kullakas Turco (ADEPASUT), constituida por mujeres dedicadas a la producción de derivados de la carne de llama.

Ella tenía un rebaño de 120 llamas y alpacas – no una pequeña cantidad - y al principio hacía charque a mano. Pero el éxito nunca llega con facilidad. “Lo vendía aquí y allá, pero no ganaba mucho”, explica.

Guadalupe y sus compañeras, se preguntaban cómo conseguir mejores precios y pensaron que, si ella y sus compañeras de ADEPASUT trabajaban juntas, la búsqueda podría tener más posibilidades de éxito. Para ello necesitaban un método de producción lo suficientemente cómodo para las integrantes del grupo que todavía tenían niños pequeños y no podían salir de casa con regularidad. Así, en lugar de invertir en una planta centralizada de procesamiento de charque, decidieron instalar pequeñas máquinas en sus hogares.

El proyecto Empoderar-Deti, dependiente del Ministerio de Desarrollo Rural y Tierras, les proporcionó la infraestructura que necesitaban para comenzar. Pero había otros desafíos que superar: el equipamiento era muy básico y seguían necesitando ayuda para hacer producir de forma más eficiente, mejorar el empaquetado de sus productos y comercializarlos. Es aquí donde Pro-Camélidos vino al rescate y, gracias a su apoyo, ADEPASUT pudo comprar equipos de procesamiento adicionales.

Una de las socias de ADEPASUT utiliza la nueva maquinaria para producir charque. (©FIDA Bolivia/ Juan Manuel Rada)

“El apoyo de Pro-Camélidos fue crucial para nosotros. Antes sufríamos al aplastar la carne con martillos y piedras. Nuestros hombros estaban magullados y no podíamos procesar mucha carne porque nuestros brazos se cansaban mucho. Con gran esfuerzo, procesábamos 14 kilos de charque por día, y terminábamos agotadas. Con el nuevo equipo, trabajamos más rápido y podemos triturar y empacar hasta 35 kilos en un día, y en mucho menos tiempo”, explica Guadalupe.

Pro-Camélidos también les brindó capacitación y consejos sobre cómo mejorar su empaquetado, crear una marca y obtener el registro sanitario. También les ayudó a obtener mejor acceso a los mercados. “La ayuda de Pro-Camélidos representó un gran impulso”, asegura Guadalupe, radiante de satisfacción.

Hoy, ADEPASUT es un grupo consolidado de 11 mujeres de entre 29 años y 61 años de edad. Todas ellas son madres; muchas de ellas, madres solteras. Aunque tienen que trabajar y criar a sus hijos al mismo tiempo, han logrado su sueño de hacer que la producción y venta de charque sea su principal actividad económica, y una actividad rentable. La mayor parte de su producto se vende en la circundante región de Oruro, pero también aprovechan sus redes familiares para exportar a La Paz y algunas otras grandes ciudades de Bolivia.

Las socias de ADEPASUT presentan la nueva marca y el nuevo empaquetado de sus productos. (©FIDA Bolivia/ Juan Manuel Rada)

Guadalupe se siente empoderada, y no solo en lo económico. “Pro-Camélidos me ayudó a ser más activa. Me dio más fuerza para trabajar y mantenerme económicamente. Este negocio es mío; ya no es de mi esposo, sino mío. Ahora sé que no tendré que pedir ayuda a mis hijos cuando sea mayor y creo que incluso puedo ayudarles si lo necesitan”, asegura con orgullo.

“Es bonito vivir en Turco”, continúa. “La vida en la ciudad es muy difícil. Los comerciantes tenemos poco margen de beneficio y el trabajo es muy exigente. Aquí tenemos calidad de vida. Y, aunque extraño a mis hijos, me mantengo ocupada. Incluso mi presión arterial y mi diabetes mejoraron debido al aire fresco y la comida más saludable”.

Volver a sus raíces le ha abierto a Guadalupe unas posibilidades de vida que nunca habría imaginado.

Más información sobre la labor del FIDA en Bolivia.