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Introspección: la población de Kiribati lucha contra una doble crisis sanitaria

La COVID-19 no es la única crisis sanitaria que amenaza con devastar la población de Kiribati. El número de nuevos casos de enfermedades no transmisibles relacionadas con la dieta, como la diabetes o la obesidad, se ha triplicado entre 2005 y 2010. Actualmente, tres de cada cuatro habitantes de Kiribati, conocidos como los I-Kiribati, corren un alto riesgo de desarrollar una enfermedad no transmisible, y las enfermedades no transmisibles representan hasta el 70 % de todas las muertes en la isla.

Una de las causas subyacentes de esta crisis es la introducción en la isla de alimentos altamente procesados, junto con la falta de interés por los productos y la agricultura locales. En otras palabras, las importaciones de productos salados, aceitosos, azucarados (e inevitablemente sabrosos) han desplazado a los alimentos locales, naturales y nutritivos.

El cultivo de alimentos en Kiribati nunca ha sido fácil. Las limitaciones de espacio, junto con la intrusión de agua salada en el suelo, son solo dos de los numerosos desafíos. La creciente oferta de bienes industrializados solo contribuyó a que los habitantes de Kiribati dejaran de lado la agricultura más fácilmente.

Indudablemente, la COVID-19 ha complicado aún más las cosas. Uno de los mayores temores de los lugareños es que su población de 100 000 habitantes pueda desaparecer por completo si el virus llega a sus costas. De manera más inmediata, la desaceleración mundial del comercio, junto con el cierre de las fronteras y otros métodos proteccionistas, constituyen una amenaza para la estabilidad de sus importaciones de alimentos. Esto ha hecho que los habitantes sientan temor y pánico a la hora de hacer sus compras, ya que muchos de ellos llevan décadas dependiendo de las comidas preparadas que se compran en las tiendas.

Desde hace algún tiempo, el Gobierno de Kiribati ha reconocido que la dependencia de su población respecto de las importaciones de alimentos procesados es insostenible, por muchas razones diferentes. Por otra parte, la participación de la población en la agricultura podría contribuir a disminuir las tasas de enfermedades no transmisibles, aumentar la seguridad alimentaria general y mejorar sus medios de vida. Incluso antes de la COVID-19, se estaban ejecutando iniciativas gubernamentales como el Proyecto de Alimentos y Agua en las Islas Periféricas de Kiribati, financiado por el FIDA con el fin de promover la agricultura. Ahora es aún más importante.

Cultivo de hojas de taro en un típico huerto doméstico de Kiribati.

Los huertos domésticos rinden mucho en una época de restricción

Gracias al proyecto de horticultura doméstica, por ejemplo, se ha ayudado a más de 2 100 hogares a sembrar sus propios huertos. En la actualidad, los habitantes de Kiribati cultivan productos autóctonos como el fruto del árbol del pan, el coco y las hojas de taro, que están llenos de nutrientes y minerales esenciales para una dieta equilibrada.

Muchas familias cultivan lo suficiente como para tener un excedente que luego pueden vender dentro de la isla, con lo que aumentan sus ingresos familiares. En total, se estima que este excedente procedente de la horticultura doméstica representa un tercio de toda la producción nacional. Entretanto, según el Ministerio de Salud, el aumento de la disponibilidad de alimentos nutritivos ha contribuido a reducir las tasas de malnutrición infantil del 60 % al 40 %.

Reobota Katerete ha sido testigo presencial de estos efectos. Después de ver los éxitos de sus vecinos y amigos, se inspiró para empezar su propio huerto doméstico. Ya ha supuesto una enorme diferencia para él y su familia.

“Antes de participar en el Proyecto de Alimentos y Agua en las Islas Periféricas de Kiribati, nuestros hijos no tenían un buen rendimiento en sus tareas escolares”, afirma. “Ahora son muy activos y eficientes en sus asignaturas y actividades escolares gracias a que consumen comidas equilibradas casi todos los días”.

Reobota anima ahora a otros miembros de su comunidad a participar en el Proyecto de Alimentos y Agua en las Islas Periféricas para su beneficio —y también para el beneficio de las generaciones futuras.

Reobota trabajando en su huerto doméstico.

La utilización de técnicas de cultivo mejoradas permite obtener resultados impresionantes

Mientras tanto, en el marco del Proyecto de Alimentos y Agua en las Islas Periféricas, se está realizando una ardua labor con la población de Kiribati para tratar de resolver también otras piezas del rompecabezas. Para dar respuesta al problema de la infertilidad del suelo, por ejemplo, el personal del proyecto está capacitando a la población local en técnicas sencillas de compostaje en las que se utiliza de todo, desde hojas y algas hasta desperdicios de cocina, incluso latas oxidadas.

Otra parte importante del proyecto consiste en concienciar sobre los beneficios del consumo de alimentos integrales. Además de realizar sesiones informativas y demostraciones culinarias, el personal del proyecto también inició una campaña de carteles en los que se muestra el contenido nutricional de diversos alimentos. También apoyaron la redacción de un libro de cocina que reúne 40 recetas tradicionales elaboradas a partir de cultivos locales.

Uno de esos alimentos locales es el fruto del árbol del pan, una fuente abundante de vitamina C, potasio y tiamina. Mediante la plantación de variedades más resilientes del fruto del árbol del pan y la aplicación de mantillo al suelo para aumentar la fertilidad, los habitantes de Kiribati tienen ahora acceso a un abundante suministro de esta fruta de color verde brillante y sus nutrientes.

Marina Konono, de 33 años y madre de cuatro hijos de la aldea de Temwanoku, solía cultivar un solo árbol del fruto del pan. Luego recibió capacitación por parte del personal del Proyecto de Alimentos y Agua en las Islas Periféricas sobre cómo preparar el suelo para las nuevas variedades de plantas y se le entregaron plántulas de ocho cultivos diferentes.

“Después de asistir a las demostraciones culinarias sobre los cultivos de alimentos nativos, me siento segura de poder preparar alimentos locales nutritivos de diferentes maneras”, afirma. Ahora subraya la importancia de los palillos de rábano picantes, el guisante de playa y la ofenga verde y roja, que son solo algunos de los nueve cultivos que produce, para “proteger a nuestros hijos de la ceguera nocturna y la anemia”.

Habitantes de Kiribati sembrando semillas.

De cara al futuro: los beneficios de actuar (y permanecer) en el ámbito local

La población de Kiribati necesitaba desde hace mucho tiempo redescubrir la importancia de la procedencia de los alimentos locales y los ingredientes nativos. La COVID-19 no ha hecho más que poner de relieve esa necesidad.

Las soluciones propuestas por el Gobierno de Kiribati y las que ofrece el Proyecto de Alimentos y Agua en las Islas Periféricas pueden ayudar a revertir los hábitos de alimentación negativos, promover el desarrollo económico y mejorar la seguridad alimentaria en la isla, al tiempo que se reintroduce a la población de Kiribati en su cultura alimentaria e ingredientes nativos. Como siempre, en el FIDA pensamos que es ahí donde reside un futuro seguro, saludable y sostenible.

Expresamos nuestro especial agradecimiento a Danietta Apisai, representante del Proyecto de Alimentos y Agua en las Islas Periféricas de Kiribati ante el Gobierno de Kiribati, y a Sakiusa Tubuna, Coordinador Subregional del FIDA para el Pacífico, por sus inestimables aportaciones.

Danietta habló recientemente con nosotros sobre el Proyecto de Alimentos y Agua en las Islas Periféricas para el episodio 9 de nuestro pódcast Farms.Food.Future. Puede escucharlo aquí.

Obtenga más información sobre la labor del FIDA en Kiribati.

Consulte la edición de Kiribati de nuestra campaña Recetas para el Cambio, que trata exclusivamente sobre el fruto del árbol del pan.