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Las redes sociales ayudan a los empresarios jóvenes de las zonas rurales de Kenya a enfrentarse a la suspensión de actividades ocasionada por la COVID-19

Hasta la llegada de la COVID-19, en marzo, la fábrica de procesamiento de plátanos G-Star Youth Group era un hervidero de actividad.

Comenzando por pesar y lavar los plátanos frescos, para luego pelarlos y rebanarlos, colocar las rebanadas en los secadores solares, moler los plátanos secos, empacar la harina y finalmente comercializarla, toda esta actividad mantenía ocupados a unos 15 hombres y mujeres jóvenes, quienes tenían ante sí nuevas perspectivas de vida.

El emprendimiento había comenzado en febrero de 2017, cuando el G-Star Youth Group vio una oportunidad de negocios en el sector del procesamiento de plátanos. Abrieron una fábrica en el condado de Nyeri, en Kenya, para producir harina de plátano fortificada, un nutritivo alimento básico que puede usarse para preparar otras muchas comidas, entre ellas avena, tortas y panqueques.

“No queríamos seguir cultivando la tierra de la manera que lo hacían nuestros padres y heredar sus mismos problemas. Necesitábamos encontrar una alternativa para nosotros, los jóvenes”, dijo Charles Wachira Mwangi, el presidente del grupo.


Charles frente al invernadero de la planta de procesamiento durante nuestra visita de diciembre de 2019 (©FIDA/Edward Echwalu)

Cuando hablamos con los miembros del G-Star Youth Group en diciembre pasado, estaban llenos de optimismo. Con el apoyo del Proyecto para la Gestión de los Recursos Naturales de la Cuenca Alta del Río Tana (UTaNRMP), habían comprado un molino de martillo, una máquina de cortar plátanos y una balanza; instalaron secadores solares y un tanque de agua de 10 000 litros, y construyeron un pequeño edificio en un cuarto acre de tierra cedido por el gobierno municipal de Nyeri para guardar la unidad de producción.

Los jóvenes no eran los únicos que se beneficiaban con el proyecto. El grupo compraba los plátanos directamente a los agricultores locales y les pagaba el doble de lo que les habrían pagado los intermediarios.

“Desde el comienzo, quisimos que el proyecto beneficiara a la comunidad en su conjunto”, explicó Charles.

“Significa mucho para mí”, añadió Jerioth Mugure Wachira, un graduado en tecnología de la información de 29 años que se unió grupo en 2016. “Mis padres están vendiendo plátanos, y ahora que disponen de efectivo, no necesitan pedir dinero prestado cuando tienen algún problema”.


Retrato de Jerioth, uno de los miembros del G-Star Youth Group (©FIDA/Edward Echwalu)

En su primer año de existencia, la planta produjo 1 400 kilogramos de harina de plátano fortificada. Las ventas en los mercados locales ascendieron a unos USD 2 700. Reinvirtieron la mayoría de los ingresos del primer año en tareas de comercialización y en la instalación de un segundo secador solar para aumentar su capacidad de producción.

El grupo estaba planeando contratar a alguien con habilidades en comercialización para ampliar la base de clientes para sus productos y para que los ayudara a desarrollar nuevos productos, como jaleas, jugos y papas fritas de plátano. También estaban en el proceso de obtener una certificación de calidad reconocida internacionalmente que ayudara a sus productos a destacarse.

Pero entonces llegó la COVID-19.

Cuando en marzo del Gobierno de Kenya impuso restricciones al movimiento, las ventas de G-Star se desplomaron. Los pedidos de distribuidores y minoristas se paralizaron, al igual que las exhibiciones, un entorno tradicionalmente propicio para las ventas.

Con escasas ventas y poco capital, el grupo ya no pudo seguir comprando plátanos a los productores, y con eso, su producción se detuvo por completo.

Tras un par de semanas de completa inactividad, los miembros del grupo decidieron comenzar a buscar alternativas para retomar las actividades. Todavía tenían existencias de enero y febrero que estaban listas para venderse; tan solo necesitaban encontrar la manera de llegar a los clientes. Dado que las medidas de restricción del movimiento seguían en vigor, empezaron a analizar la posibilidad de valerse de las plataformas digitales para comercializar y vender sus productos.

Actualmente, el grupo utiliza las redes sociales de Facebook y Twitter para promocionar sus productos y generar ventas. También están usando WhatsApp para comunicarse con los clientes existentes y mantenerse en comunicación para recibir potenciales pedidos. Lógicamente, muchos de sus clientes tienen temor de trasladarse a levantar sus pedidos, pero G-Star también ha pensado una solución para eso: Todos los productos que se compran mediante estas plataformas se envían a los clientes usando los servicios de mensajería que brindan los sistemas de transporte público (como es usual en Kenya), o se entregan directamente en la dirección del cliente.

 

Miembros de G-Star Youth Group empacan sus productos y los preparan para la venta durante nuestra visita en diciembre de 2019. (©FIDA/Edward Echwalu)

“Aunque las ventas totales por esta vía no sean demasiado altas, son el comienzo del camino hacia la recuperación”, señaló Charles. “Pero lo que es más importante es que nos hemos dado cuenta del valor de las plataformas digitales, y seguiremos utilizándolas luego de la pandemia de la COVID-19”.

Si hicieron bien los cálculos, deberían agotar las existencias hacia principios de agosto, justo a tiempo para retomar la producción, ahora que el gobierno ha levantado las restricciones. Ya están haciendo planes para volver al trabajo sin correr riesgos, para lo que instalarán puntos de lavado de manos y exigirán el uso de mascarillas. También están planeando establecer horarios para recibir las entregas de los agricultores, a fin de evitar aglomeraciones en la fábrica.

Como muchos otros, la existencia de G-Star Youth Group se vio amenazada no solo por la enfermedad, sino también por los devastadores efectos sociales y económicos que trajo consigo. Afortunadamente, gracias a su determinación y a una cuota de ingenio, todavía quedan esperanzas para ellos, y quieren aprovecharlas al máximo.

Obtenga más información sobre la labor del FIDA en Kenya.