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Los teléfonos inteligentes permiten hacer un seguimiento de los logros y las dificultades de los proyectos del FIDA en el Brasil durante la COVID-19

© Jajang Permana/Unsplash

Con todo el caos que generan, las crisis también pueden dar lugar a oportunidades inesperadas. Una forma que tienen de hacerlo es espoleando a la población a desarrollar nuevas herramientas que le ayuden a resistir al desastre. Eso es lo que ha sucedido en el noreste del Brasil, donde, a pesar de las dificultades que atraviesa el país con la pandemia de la COVID-19, los proyectos financiados por el FIDA han encontrado nuevas formas de llevar a cabo su labor.

Así, por ejemplo, desde finales de marzo, el personal de los proyectos comenzó a utilizar un sistema de asistencia técnica a distancia para responder a las preguntas de los participantes y resolver problemas.

“Debido a las medidas de prevención impuestas, no podíamos acudir a las comunidades, por lo que tuvimos que buscar una forma de trabajar con ellas en estos tiempos de dificultad”, explica Iris Tavares, coordinadora del Proyecto Paulo Freire en Ceará. “Fue entonces cuando pensamos en los teléfonos móviles, ya que prácticamente todos los agricultores tienen uno o pueden acceder a uno en su entorno familiar o comunitario”.

Algunos meses más tarde, una vez que se había comprobado el éxito de la estrategia de asistencia técnica a distancia, el personal del Proyecto Paulo Freire y de otros dos proyectos financiados por el FIDA se dieron cuenta de que la comunicación digital podía ofrecer incluso más posibilidades de las que habían imaginado.

Pensaron que podría ser una forma ideal de ponerse en contacto con las familias de los participantes y preguntarles cómo estaban sobrellevando la pandemia. También se dieron cuenta de que la situación actual brindaba la oportunidad de reunir algunos datos muy necesarios. Así pues, el personal de los proyectos decidió realizar una encuesta, con dos objetivos principales: uno, reunir datos coherentes sobre los resultados de los proyectos y dos, determinar qué esferas necesitaban una atención especial para hacer frente a los efectos de la COVID-19.

“En el apretado calendario diario previo a la orden de confinamiento en los hogares, esa información era mucho más difícil de obtener. Ahora, disponíamos del tiempo y los medios para hacerlo, así que nos pusimos manos a la obra para aprovechar la oportunidad”, explica Francisco das Chagas, coordinador del Proyecto Viva o Semiárido.

Un esfuerzo sin precedentes para llegar a la población

Durante mayo y junio, los participantes en el Proyecto a favor del Semiárido en Bahía, el Proyecto Viva o Semiárido en Piauí y el Proyecto Paulo Freire en Ceará respondieron en conjunto a más de 5 000 cuestionarios en línea.

Para llevar adelante una tarea de esa magnitud, el personal de los proyectos sabía que debía correr la voz. Empezaron con una campaña promocional, repartiendo folletos y difundiendo mensajes de voz a través de plataformas como WhatsApp. Algunos proyectos incluso se anunciaron en emisoras de radio locales.

Cuando llegó el momento de hacer la encuesta, los equipos de asistencia técnica prestaron un apoyo decisivo. Así, por ejemplo, en el caso de Bahía, el Proyecto a favor del Semiárido capacitó a 115 jóvenes organizadores de la comunidad para coordinar y gestionar la encuesta. Esos organizadores suelen prestar apoyo a las asociaciones de agricultores familiares y ayudan a gestionar los proyectos a nivel local, por lo que conocen muy bien las comunidades donde se desarrollan los proyectos.

Su función comenzó con el envío a los participantes en el proyecto de un enlace al cuestionario. Aunque muchos eran capaces de registrar por sí mismos sus respuestas a través de sus teléfonos inteligentes, los organizadores permanecieron disponibles para atender a cualquier pregunta o problema que pudiera surgir.

En caso de que necesitaran ayuda, los organizadores llamaban por teléfono a los agricultores o incluso los visitaban personalmente, tomando todas las medidas de precaución aconsejadas por la Organización Mundial de la Salud.

Una participante del proyecto responde a la encuesta en su teléfono inteligente.

Para muchos participantes, era la primera encuesta que realizaban en su vida. Y para casi todos, resultó una experiencia extremadamente positiva: con todas las actividades de divulgación y apoyo, los participantes informaron sentirse confiados de que las actividades del proyecto permitieron demostrar que había un interés por mantener su participación y promover su bienestar.

“Fue muy alentador escuchar cómo la gente estaba realmente agradecida porque en las actividades del proyecto se había mantenido el interés por ellos en ese difícil período de aislamiento”, dice Angelina Santana, una de las organizadoras de la comunidad. “También fue muy conmovedor ver a las familias reunidas para responder al cuestionario. En algunos casos, fueron los propios hijos quienes ayudaron a sus padres a realizar la tarea”.

“Las preguntas se centraban en nuestra realidad y eran fáciles de entender”, afirma Jonaldo, un agricultor de la comunidad quilombola (afrodescendiente) de Lagoa Branca, en Bahía. “Me pareció una iniciativa muy buena porque nos dejaba muy claro que tenemos que estar al tanto de todo para saber si ganamos o perdemos”.

Ajuste preciso: los resultados de la encuesta generan una respuesta de socorro rápida

Según las conclusiones de la encuesta, el 90 % de los participantes de Piauí, el 88 % de los de Ceará y el 54 % de los de Bahía han aumentado su producción agrícola gracias al apoyo de sus respectivos proyectos. Más del 90 % de las familias de los tres proyectos han adoptado nuevas tecnologías y buenas prácticas, como enfoques agroecológicos (por ejemplo, la explotación de huertos familiares), la reutilización del agua y sistemas de riego de ahorro de agua, la gestión de forrajes y la preparación de plaguicidas naturales, biofertilizantes y abonos orgánicos.

En la encuesta también se evaluaron algunos de los efectos de la pandemia, y se determinó que había afectado negativamente a las ventas del 77 % de los participantes en Ceará, el 68 % en Piauí y el 54 % en Bahía.

Esos datos dieron lugar a medidas de respuesta rápida, como la activación de programas estatales de adquisición y distribución de alimentos. En Ceará, también llevó a la creación de un portal en línea sobre agricultura familiar para poner en contacto a vendedores y compradores de productos agrícolas.

“Es una herramienta estupenda para potenciar la agricultura familiar, reducir la vulnerabilidad y aumentar los ingresos”, declara De Assis Diniz, Secretario de Desarrollo Agrario de Ceará.

La encuesta también ha proporcionado una gran cantidad de información sobre los resultados de los proyectos. Esos datos ayudarán al personal de los proyectos a ajustar sus intervenciones y a planificar la ejecución en los próximos años.

“Este trabajo pone de relieve que existen otras posibilidades y metodologías para hacer un seguimiento de nuestros logros y dificultades. El uso de la tecnología móvil ha hecho que el proceso de recolección de datos resulte muy ágil y abre la puerta a una gestión más receptiva de nuestro proyecto”, dice Cesart Maynart, coordinador del Proyecto a favor del Semiárido.

En términos más generales, la creación de estos servicios de asistencia técnica a distancia demuestra que, más allá de todos los procedimientos burocráticos que conlleva un gran proyecto de desarrollo rural, siempre hay espacio para la creatividad y la flexibilidad cuando se hace indispensable la necesidad de ayudar a las comunidades desatendidas de una nueva manera.

También ha propiciado una mayor inclusión digital y demuestra que, incluso en las comunidades más remotas, los agricultores familiares están deseosos de formar parte del mundo digital. Y, sobre todo, gracias a que las herramientas digitales abren nuevas posibilidades para aumentar los ingresos y mejorar los medios de vida de los agricultores en pequeña escala, nos complace en gran medida darles cabida en nuestra labor.

Obtenga más información sobre la labor del FIDA en el Brasil.