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Los jóvenes nepalíes se preparan para el trabajo de sus sueños con cursos financiados por el FIDA

La historia de Ranjana Chaudhary se parece a las historias de muchos miles, o incluso millones, de jóvenes de Nepal. Su familia, que se dedicaba a una actividad predominantemente agrícola y nunca había estado en situación desahogada, se vio sumida en la pobreza a causa de una emergencia sanitaria, lo cual la obligó a abandonar la escuela. Dadas sus pocas posibilidades, consiguió empleo en un salón de belleza, pero, al no tener experiencia, tuvo que ofrecerse como voluntaria. Sin embargo, Ranjana consideró que era una oportunidad de aprender.

“Mientras trabajaba en el salón, me di cuenta de que realmente lo disfrutaba”, dice. “Quería hacer más y llegar a ser experta. Pero no tenía idea de cómo hacerlo”.

Al igual que Ranjana, Devkant Chaudhary (sin parentesco), de 21 años, no pudo continuar con su educación superior debido a la falta de fondos. Además, tampoco era una prioridad.

“Mi familia, que trabaja en el sector agrícola, pensaba que era más importante que ganara dinero a que recibiera una educación”, explica. “Pero la necesidad de mano de obra agrícola es estacional. Así que disponía de mucho tiempo en que no ganaba dinero”.

Al principio, ayudó fuera de temporada en una vidriería de un pueblo vecino. No le pagaban mucho, pero se mantenía ocupado. Entonces, un día, conoció a unos fabricantes de aluminio que entraron a la tienda y se interesaron en su oficio.

“Cuanto más me contaron, más me di cuenta de que había encontrado mi pasión”, añade. “Pero no sabía cómo adquirir los conocimientos necesarios para convertirme en un maestro artesano”.

Devkant hace una pausa para sacarse una foto junto a una de sus máquinas metalúrgicas.

Demasiadas mujeres y hombres jóvenes de Nepal, un país en que seis de cada 10 personas tienen menos de 30 años, cuentan historias parecidas. Incluso antes de que la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) sembrara el caos en las empresas, los empleos y los medios de vida, un 11,4 % de la población de Nepal —más de 900 000 personas— buscaba trabajo. Cerca del 70 % de ellas tenían entre 15 y 34 años, y como más de la mitad de los empleos disponibles en Nepal se encuentran en el sector informal, está claro que estas cifras habrán aumentado, dadas las devastadoras repercusiones económicas de la pandemia.

Esta falta de empleo productivo y remunerativo para los jóvenes del país no carece de costos económicos ni sociales: no solo para los jóvenes, sino también para sus familias y comunidades. Por ejemplo, es más probable que los jóvenes emigren si las condiciones económicas locales son poco alentadoras. De hecho, una encuesta reciente reveló que cerca de la mitad de los hogares nepaleses tenía un miembro que trabajaba en el extranjero o acababa de regresar.

Sin embargo, el Gobierno de Nepal también sabe que el crecimiento sin precedentes de la población joven que experimenta el país puede traer consigo posibles beneficios socioeconómicos en todos los niveles de la economía, lo cual se ve reflejado en su labor con el Proyecto de Fomento de las Empresas Rurales y las Remesas (Samriddhi), que recibe apoyo del FIDA y que promueve el empleo autónomo y las pequeñas empresas para que los jóvenes puedan aumentar sus ingresos y tener mejores empleos. Por medio de sus asociados, en el marco del proyecto también se ofrece formación profesional y programas de aprendizaje que conducen a un trabajo remunerado y digno.

En ese momento crucial de su vida, tanto Ranjana como Devkant se enteraron de los cursos que se ofrecían a través del proyecto Samriddhi. En junio pasado un amigo le contó a Devkant algo sobre un curso de metalurgia con certificación a nivel nacional. Ranjana, que en aquel entonces era solo una adolescente, encontró un programa de formación como esteticista en Bara que era perfecto para ella. El proyecto Samriddhi presta un apoyo decisivo a estos cursos para que los jóvenes con problemas de dinero como Ranjana y Devkant puedan inscribirse sin tener que endeudarse.

Cuando Devkant comenzó su curso de formación, tenía sumo interés en aprender todo lo que podía. “Fue el primer paso hacia mi sueño”, dice.

Para Ranjana, el curso vino acompañado de un desplazamiento extraordinariamente largo. “Solía hacer 10 km en bicicleta para llegar al lugar de la formación y lo mismo de vuelta”, dice riendo. “Pero valió la pena. Ahora tengo un certificado de la Junta Nacional de Examen de Competencias”.

Ranjana trabajando en su salón de belleza.

Con sus certificados en mano, Ranjana y Devkant se dispusieron a abrir su propio negocio, pero habría más tropezones en el camino.

Al ser una mujer joven con poca experiencia, a Ranjana le fue difícil convencer primero a su familia y luego a las instituciones financieras para que invirtieran en su sueño de abrir su propio salón de belleza. Tuvo que recurrir a canales informales para conseguir fondos. “No hay instituciones financieras para personas como yo, que no tienen garantías que ofrecer”, dice.

La experiencia de Devkant fue parecida, solo que, a diferencia del caso de Ranjana, pudo convencer a un pariente para que le prestara el dinero.

Con el capital necesario bajo el brazo, finalmente Ranjana y Devkant pudieron empezar. Ranjana abrió su salón de belleza y Devkant puso en marcha su propio taller metalúrgico.

Desde entonces, les ha ido cada vez mejor. Ambos ganan suficiente dinero para sostener a sus familias, son empleadores y devuelven la mano que la suerte les ha echado. Y anhelan mucho más: aprender y crecer, con miras a ampliar sus empresas.

Sus historias también son parecidas a las de muchas de las personas que han completado los cursos realizados en el marco del proyecto Samriddhi. Al momento, más del 97 % de quienes han completado los cursos de formación —más de 5 000 jóvenes en total— tienen trabajo. El 64 % de ellos se considera “empleado remunerado”, es decir, que trabaja en el campo que estudió y que ha estado ganando una suma decente durante al menos seis meses (en este caso, un promedio de 10 000 rupias nepalesas por mes).

También tienen algunos consejos que dar a otros jóvenes de economías en desarrollo. “Los adolescentes deben elegir bien su carrera y trabajar duro. Entonces será fácil lograr lo que se propongan”, apunta Ranjana. “Tengo la esperanza de que próximamente me vaya todavía mejor”.

Consulte más información sobre la labor del FIDA en Nepal.