Cinco razones por las que el FIDA sitúa a los pequeños agricultores en el centro de la transformación de los sistemas alimentarios

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Cinco razones por las que el FIDA sitúa a los pequeños agricultores en el centro de la transformación de los sistemas alimentarios

Nuestros actuales sistemas alimentarios no son sostenibles. El hambre lleva varios años aumentando, afectaba a unos 811 millones de personas en todo el mundo en 2020, y la pandemia de la COVID-19 podría aumentar pronto esa cifra en 132 millones de personas más. Además, nuestras prácticas de producción alimentaria, en concreto la ampliación de la agricultura industrial a gran escala, tienen un costo ambiental inaceptablemente elevado, lo que pone en peligro la seguridad alimentaria de las generaciones futuras.

Se trata de una situación insostenible y ha quedado claro que debemos repensar todos los aspectos de nuestros sistemas alimentarios. Por ese motivo, en 2021, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, convocará la Cumbre sobre los Sistemas Alimentarios.

En el FIDA, consideramos que los pequeños productores pueden ofrecer soluciones a esos problemas. Sin embargo, necesitan los instrumentos adecuados para obtener resultados positivos, y ello requiere que reorientemos los sistemas alimentarios para que esos productores tengan la oportunidad de prosperar y obtener una recompensa justa por el trabajo que realizan.

Estos son los cinco motivos por los que consideramos que los sistemas alimentarios que cuenten con productores en pequeña escala productivos y prósperos pueden ayudarnos a construir un futuro sostenible.

  1. Los mayores ingresos y beneficios de los pequeños agricultores y sus negocios se reinvierten en las economías locales, donde crean empleo y generan un crecimiento equitativo, lo cual es crucial para brindar oportunidades a la juventud del medio rural de vivir y prosperar en sus comunidades de origen. En cambio, los beneficios de los modelos agropecuarios industriales a mayor escala suelen carecer de esos vínculos locales, y los estudios revelan que tienen efectos adversos en los ingresos locales y la desigualdad.
  2. Los sistemas agropecuarios en pequeña escala suelen presentar una mayor sostenibilidad ambiental, y sus productores normalmente tienen más apego a los ecosistemas y paisajes locales. Además, las prácticas sostenibles basadas en la naturaleza, como la agricultura orgánica, la rotación de cultivos y la permacultura para la gestión integrada de plagas, se basan en una gran cantidad de conocimientos medioambientales sobre lugares concretos que poseen los pequeños productores.
  3. Las explotaciones en pequeña escala son especialmente importantes para la seguridad alimentaria y la nutrición de los grupos vulnerables. Abastecen principalmente los mercados nacionales y locales, incluidas las comunidades a las que los supermercados modernos no llegan. Revisten especial importancia en los países en desarrollo: por ejemplo, producen más del 70 % de las calorías alimentarias en América Latina, África Subsahariana y Asia Meridional y Oriental.
  4. La agricultura en pequeña escala suele ser más productiva que otros tipos de negocios agrícolas, incluidas las explotaciones industriales. Se ha demostrado que la productividad de la tierra en las pequeñas explotaciones es mayor en muchos contextos como resultado de las ventajas vinculadas a la gestión y la mano de obra de carácter familiar. Los trabajadores familiares están más motivados, poseen conocimientos más concretos sobre la tierra y están preparados para soportar perturbaciones que supondrían la quiebra de las explotaciones gestionadas por corporaciones.
  5. La agricultura en pequeña escala también contribuye a los aspectos culturales y comunitarios. Las comunidades que giran en torno a la agricultura en pequeña escala constituyen un patrimonio cultural rico y diverso que abarca arte, música, historia y arquitectura. Este tipo de agricultura es también una fuente rica de conocimientos tradicionales que ofrece soluciones para lograr un equilibrio entre la producción de alimentos, los medios de vida y el mundo natural.

El fomento de los sistemas agropecuarios en pequeña escala puede ofrecer soluciones a muchos desafíos que afronta actualmente el mundo, al tiempo que aumenta la calidad de la vida y los medios de subsistencia rurales. Pero, para ello, hay que cambiar radicalmente el funcionamiento de los sistemas alimentarios. Por ejemplo, los mercados deben enfocarse en los pequeños productores, y los sistemas de investigación e innovación no pueden seguir descuidando sus necesidades. Además, hay que mejorar los vínculos entre las zonas rurales y urbanas para que los pequeños productores puedan ofrecer alimentos saludables y asequibles a los entornos urbanos en crecimiento.

Estas y otras cuestiones vinculadas a los desafíos que afrontan los pequeños productores y sus comunidades deben ocupar un lugar central en las deliberaciones y los resultados de la Cumbre. La transformación de los sistemas alimentarios para que se adecuen a todas las personas comienza por abordar las necesidades de las que trabajan dentro de esos propios sistemas. Solo así los pequeños productores pueden contribuir a resolver los problemas que afrontamos y asegurarse medios de vida decentes para ellos y sus familias.

Haga clic aquí para obtener más información sobre la participación del FIDA en la Cumbre, así como sobre los principales mensajes que enviamos al mundo.