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Combatiendo el desperdicio de alimentos en China: esfuerzos locales, efectos mundiales

29 septiembre 2020

La producción alimentaria deberá duplicarse de aquí a 2050 para satisfacer la demanda de una población en crecimiento. Sin embargo, cada año se pierde o se desperdicia alrededor de un tercio de los alimentos que se producen a nivel mundial.

El 29 de septiembre, Día Internacional de Concienciación sobre la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos, representa una oportunidad para reflexionar sobre el papel fundamental que desempeña la producción y el consumo sostenibles de alimentos (Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 12) en la promoción de la seguridad alimentaria (ODS 2) y el uso sostenible de los ecosistemas terrestres (ODS 15).

Naturalmente, este grado de pérdida y desperdicio de alimentos tiene repercusiones significativas en todo el mundo. Según estimaciones recientes, el costo económico total del desperdicio de alimentos asciende a USD 750 millones al año. Se considera que la pérdida y el desperdicio de alimentos son responsables de alrededor del 8 % de todas las emisiones de gases de efecto invernadero. Actualmente, cerca del 30 % de los terrenos agrícolas del mundo están ocupados con la producción de alimentos que terminan por no consumirse nunca. Pero reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos no solo es una preocupación económica y ambiental: este imperativo también es apremiante desde un punto de vista ético. En la actualidad, alrededor de 690 millones de personas pasan hambre en el mundo, y para alimentarlos se necesitaría menos del 25 % de los alimentos que se desperdician al año.

La pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19) no ha hecho más que agravar la situación. Las perturbaciones en las cadenas de suministro derivadas de los confinamientos y las restricciones al transporte están provocando un aumento significativo de la pérdida y el desperdicio de alimentos, especialmente de productos agrícolas perecederos, como frutas y verduras, pescados, carnes y productos lácteos. Además, el cierre de gran parte de la industria de la restauración y los servicios alimentarios, junto con las escuelas, también ha provocado la pérdida de mercados para los productores, lo que hace que la situación sea aún más difícil.

El desperdicio de alimentos y la seguridad alimentaria en China

China no está exenta de este fenómeno mundial. En China se pierden o se desperdician al año más de 35 millones de toneladas de alimentos —el 6 % de la producción total de alimentos del país—, lo suficiente para alimentar a entre 30 y 50 millones de personas. Aproximadamente la mitad—entre 17 y 18 millones de toneladas por año— se desperdicia en la última fase de la cadena de suministro: en la de venta al por menor y consumo.

Hace poco, el Presidente de China, el Sr. Xi Jinping, ha puesto en marcha una campaña titulada “Plato limpio” dirigida a combatir el desperdicio de alimentos, que, entre otros objetivos, se propone recordar a todos que, “al pensar en la seguridad alimentaria, deberíamos seguir percibiendo un sentido de crisis”. La referencia del Presidente Xi a la seguridad alimentaria no es una coincidencia. De hecho, esta siempre ha sido un objetivo estratégico importante de la política china. Sin embargo, es comprensible que el nivel de alarma del sector alimentario haya aumentado debido a acontecimientos recientes, como las grandes inundaciones en todo el país que dañaron gravemente la cosecha de verano y que se sumaron a las perturbaciones provocadas por la pandemia de la COVID-19.

Si bien, en mi opinión, el nivel actual de seguridad alimentaria de China no justifica la preocupación (China cuenta con suficientes reservas alimentarias para satisfacer la demanda interna al menos por un año), los esfuerzos renovados por prevenir y reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos generarían, de todos modos, diversos beneficios económicos y ambientales que terminarían por beneficiar a toda la sociedad china. Localmente hablando, al reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos bajarían los costos operativos y, por ende, terminarían bajando los precios que pagan los consumidores, y también disminuiría la presión sobre los escasos recursos de tierras y agua del país para producir alimentos, que terminarían por no consumirse. Desde una perspectiva mundial, China alberga el 20 % de la población mundial, pero solo el 7 % de las tierras cultivables del mundo. Al reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos y promover una producción y un consumo responsables y sostenibles, China puede contribuir notablemente a las batallas mundiales contra la pobreza, el hambre y el cambio climático.

¿Qué puede hacerse para reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos?

Dado que los alimentos se pierden o se desperdician en cada fase de la cadena de suministro de alimentos, sería preciso que las medidas de mitigación se centraran en cada una de esas fases.

Por ejemplo, al promover la adopción de la agricultura mecanizada y de maquinaria agrícola más eficiente para garantizar que los cultivos se cosechen de manera eficiente, puede reducirse la pérdida de alimentos durante la fase de producción (cosecha). Al incrementarse el número, la capacidad y la funcionalidad de las instalaciones de almacenamiento, podría ayudarse a reducir la pérdida de alimentos durante la fase de almacenamiento. Con la mejora de las conexiones por carretera y una mayor eficiencia del sistema logístico, podría reducirse la pérdida de alimentos durante la distribución. La digitalización puede incrementar la eficiencia general de toda la cadena de valor. Las iniciativas que reciben apoyo del FIDA ya han aportado recursos financieros para construir carreteras secundarias y mejorar la conectividad de las carreteras, construir instalaciones de almacenamiento e incrementar la eficiencia general de las cadenas de valor agrícolas en toda China, contribuyendo así directa o indirectamente a reducir la pérdida de alimentos en el país y a mejorar su seguridad alimentaria.

Sin embargo, como sucede en muchas otras economías en crecimiento y sociedades cada vez más urbanizadas, en China cada vez se desperdician más alimentos al final de la cadena de suministro alimentario, en particular en la fase de consumo. Para luchar contra ello, es necesario aplicar medidas legislativas y reglamentarias que desalienten el desperdicio de alimentos, y el Gobierno de China ya ha adoptado varias medidas al respecto. No obstante, para reducir realmente el desperdicio de alimentos, hace falta un cambio en las costumbres y actitudes culturales de las personas. En este sentido, iniciativas como la reciente campaña del Presidente Xi, “Plato limpio”, efectivamente pueden contribuir a cambiar las actitudes de las personas en relación con el consumo y el desperdicio de alimentos.