Es hora de poner fin a la violencia contra las mujeres rurales

IFAD Asset Request Portlet

Publicador de contenidos

Es hora de poner fin a la violencia contra las mujeres rurales

©FIDA/Francesco Cabras

En el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, el FIDA reafirma su compromiso de eliminar y prevenir la violencia de género en todo el mundo.

La violencia contra las mujeres es uno de los mayores obstáculos para el desarrollo sostenible. A continuación, respondemos a los interrogantes sobre la forma en que el FIDA está transformando las estructuras económicas y sociales que la hacen posible.

¿Qué es la violencia contra la mujer?

Las mujeres y niñas de todo el mundo, ya sean ricas o pobres, rurales o urbanas, jóvenes o adultas, sufren alguna forma de violencia de género.

La violencia contra la mujer puede ser de naturaleza física, emocional, psicológica o sexual. Afecta tanto a las víctimas como a los agresores al mismo tiempo que compromete a sus familias y comunidades. Los ecos de la violencia perduran durante generaciones.

La violencia contra la mujer es una manifestación extrema de la desigualdad de género la cual atenta contra sus derechos humanos y socava su salud física y mental y su capacidad de ser miembros productivos de la comunidad.

¿Hasta qué punto es un problema la violencia contra la mujer, especialmente en las zonas rurales?

  • Una de cada tres mujeres y niñas sufre violencia física o sexual a lo largo de su vida, sobre todo por parte de su pareja.
  • En todo el mundo, una de cada cinco mujeres de entre 20 y 24 años ha contraído matrimonio antes de cumplir los 18 años. En el África subsahariana, más de una de cada tres se ha casado siendo tan solo una niña.
  • Al menos 200 millones de mujeres y niñas de entre 15 y 49 años han sido sometidas a la mutilación genital femenina.
  • En los países en desarrollo, las mujeres son más propensas a ser víctimas de la violencia. Mientras que el 13 % de las mujeres de todo el mundo han sido objeto de violencia por parte de su pareja en los últimos 12 meses, en los países clasificados como "menos desarrollados", esta proporción se eleva al 22 %.
  • Las mujeres indígenas son particularmente vulnerables, esto se debe a que las agresiones contra ellas suelen formar parte de la discriminación y exclusión a gran escala que sufren en sus comunidades.
  • El 72 % de las víctimas de la trata de personas en todo el mundo son mujeres y niñas.
  • En 2017, una de cada dos mujeres asesinadas en todo el mundo lo fue a manos de su pareja o un familiar.

¿Por qué es importante este tema para el FIDA?

La violencia afecta a todas las mujeres, pero particularmente a las mujeres rurales e indígenas. En muchos lugares del mundo, actividades cotidianas como ir a buscar agua y leña, o volver a casa desde el mercado al anochecer, exponen a estas mujeres a riesgos.

Además, muchas de estas mujeres se ven afectadas por prácticas tradicionales nocivas como el matrimonio forzado o precoz y la mutilación genital femenina. La persistencia de estas prácticas suele verse agravada por la pobreza.

La crisis económica a causa de la pandemia del COVID-19, así como las restricciones de movimiento debido al confinamiento, han agravado las tensiones dentro de las familias y las comunidades, aumentando el riesgo de violencia.

Por lo tanto, poner fin a la violencia de género en todas sus formas no es solo un imperativo moral, sino que también se trata de eliminar uno de los mayores impedimentos para el desarrollo rural inclusivo y sostenible.

¿Cómo ayuda el FIDA a prevenir la violencia de la mujer en las comunidades rurales?

El FIDA ayuda a las mujeres a empoderarse económicamente.

El empoderamiento económico aumenta la independencia de las mujeres rurales y reduce su vulnerabilidad a los abusos.

Los programas financiados por el FIDA apoyan los medios de vida de las mujeres a través de la agricultura a pequeña escala, la pesca, la ganadería y el emprendimiento rural. Por ejemplo, en Paraguay, mediante el Proyecto de Inclusión de la Agricultura Familiar en las Cadenas de Valor − Proyecto Paraguay Inclusivo (PPI) las mujeres se reúnen en colectivos de vendedores de mercado para obtener mejores precios por sus productos.

Este tipo de iniciativas ayudan a las mujeres rurales a acceder a la tierra, al crédito y a los recursos, y a acelerar su empoderamiento económico y social, lo que a su vez les facilita alcanzar la seguridad personal y familiar.

El FIDA trabaja con hombres, hogares y líderes comunitarios para lograr la igualdad de género.

Son muchas las mujeres que carecen de poder en sus propios hogares y comunidades. Por otro lado, los hombres también pueden luchar contra los roles tradicionales de género, pero a menudo son ignorados por los programas de intervención. La igualdad de género en los hogares y las comunidades beneficia tanto a las mujeres como a los hombres.

El proyecto OPELIP en la India, ayuda a los hogares indígenas a obtener derechos sobre la tierra, se asegura de que los títulos se otorguen conjuntamente a los maridos y a las esposas, o directamente a las mujeres que son cabeza de familia: un reconocimiento tangible de la igualdad de género.

El FIDA contribuye a que las mujeres tengan un espacio en la mesa de toma de decisiones

Cuando las mujeres hacen oír su voz y pueden participar en la toma de decisiones, son menos vulnerables a la violencia y están más capacitadas para combatirla.

Para el FIDA es imprescindible la representación de las mujeres en las organizaciones de productores y en los órganos de decisión comunitarios. Reconocemos que los líderes tradicionales y políticos y los funcionarios de los gobiernos locales tienen un papel vital que desempeñar en el cambio sistémico, y colabora estrechamente con dichos líderes -entre cuyas filas deben figurar las mujeres- para lograr un cambio sostenible.

El FIDA aborda las causas fundamentales de la desigualdad de género.

El FIDA emplea en sus proyectos las metodologías basadas en los hogares. Se trata de actividades que consiguen que los miembros de la familia trabajen juntos para tomar decisiones compartidas, distribuir el trabajo de forma más equitativa y fortalecer sus relaciones mutuas.

Las metodologías basadas en los hogares abordan las normas sociales, las actitudes y los comportamientos que representan las causas fundamentales -más que los síntomas- de la desigualdad y la violencia de género.

En Malawi, por ejemplo, el Programa de Fomento de la Producción Agrícola Sostenible (SAPP), financiado por el FIDA, aplica las metodologías basada en los hogares para abordar las causas subyacentes de la desigualdad de género, especialmente en los hogares afectados por el VIH/SIDA. Estas actividades han ayudado a las mujeres a tener más peso en la toma de decisiones, a reducir su carga de trabajo y a obtener un mayor control sobre los recursos.