La respuesta a los desafíos de un año único: El Informe anual del FIDA 2020

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La respuesta a los desafíos de un año único: El Informe anual del FIDA 2020

©FIDA/ Todd M. Henry

Empezamos 2020 con una sensación de urgencia. Según las previsiones, el número de personas que sufrían extrema pobreza  aumentaría por primera vez en una generación, mientras que el número de personas que pasaban hambre se incrementaría hasta en 132 millones.

Entonces, estalló la pandemia de la COVID-19.

La población rural se enfrentaba a una perturbación sin precedentes que amenazaba con agravar los innumerables problemas existentes y provocar un retroceso en los años de avances en la lucha contra la pobreza y el hambre. Sabíamos que teníamos que actuar rápida y eficazmente para brindarles la ayuda necesaria. También sabíamos que ni nosotros ni ellos podíamos permitirnos perder de vista nuestros objetivos a largo plazo.

En el Informe anual del FIDA 2020 se describen la manera en que hemos afrontado esos desafíos y la respuesta inmediata a la pandemia, trabajando con los Gobiernos para adaptar los proyectos en curso con el fin de proteger a los participantes de los efectos socioeconómicos previstos. Incluye además las perspectivas de la población rural con la que trabajamos mientras la pandemia se propagaba por todo el mundo.

También se describe el Mecanismo de Estímulo para la Población Rural Pobre (RPSF) que pusimos en marcha en abril de 2020 en respuesta a la demanda de apoyo extremadamente elevada, así como otros enfoques que aplicamos para aumentar la resiliencia de la población rural a los efectos inmediatos de la pandemia.

En 2020 no solo afrontamos los efectos inmediatos de una crisis sin precedentes, también sentamos las bases para un mundo más resiliente e inclusivo tras la COVID-19. Para el FIDA, esto entrañaba la renovación de nuestra infraestructura financiera, para poder aumentar la inversión y llegar a más personas de las zonas rurales. El año 2020 fue histórico en ese sentido: realizamos nuestra primera inversión en una entidad del sector privado (de USD 9 millones en el Fondo de Inversión para Agroempresas (Fondo ABC)) y nos convertimos en el primer organismo de las Naciones Unidas en recibir una calificación crediticia pública.

Una mayor ambición también conlleva una mayor prudencia. Nuestro nuevo Marco Integrado para la Obtención de Préstamos nos permitirá gestionar los riesgos vinculados a un modelo financiero más ambicioso y garantizar la continua sostenibilidad financiera del FIDA. Aún más importante es que las contribuciones de los Estados Miembros a los recursos básicos continúan siendo el pilar fundamental de nuestro modelo financiero.

La construcción de un mundo más resiliente tras la COVID-19 también significa avanzar todavía más para llegar a la población rural que, por diferentes motivos, corre un mayor riesgo de quedarse atrás. En nuestro Informe anual 2020 se presentan los instrumentos nuevos y actualizados que estamos utilizando en nuestra labor con los pueblos indígenas, las mujeres, los jóvenes y las personas con discapacidad. También contiene videos y testimonios en los que se ponen de relieve las perspectivas de la población rural con la que trabajamos.

Esta labor, y la necesidad de potenciar la voz de la población rural, resuena cada vez con más fuerza mientras nos preparamos para la Cumbre de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios de este año, en la que la inclusión será un importante tema de debate.

La innovación ocupa un lugar central en toda esta labor. De hecho, a medida que aumentan la complejidad y las interrelaciones de los desafíos que afronta la población rural, las soluciones deben ser necesariamente más sofisticadas. Las tecnologías innovadoras, como los nuevos sistemas de alerta temprana y la energía solar móvil, están ocupando un lugar cada vez más destacado en la labor del FIDA, como reflejan muchos de los ejemplos mencionados en el informe.

La innovación también es clave para mejorar nuestra eficiencia institucional con el fin de que podamos ampliar la asistencia que prestamos a la población rural de todo el mundo. La transición hacia un modelo operacional descentralizado nos brinda la flexibilidad y la creatividad necesarias para adaptarnos y responder al contexto único de cada país.

Además, al tiempo que trabajamos con la población rural para encontrar soluciones sostenibles a los desafíos que afrontan, también damos prioridad a las prácticas empresariales sostenibles en nuestras actividades cotidianas. De esa manera, hemos podido conservar nuestra certificación de platino al Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental (LEED), el máximo nivel de certificación para edificios ecológicos en todo el mundo.

Afrontamos muchas dificultades en 2020, al igual que las personas de todo el mundo. El Informe anual del FIDA 2020 ofrece un debate atractivo, conciso e interactivo sobre cómo afrontamos esas dificultades y cómo adaptamos nuestros planes a lo largo del año con el fin de construir un mundo más resiliente para toda la población rural.