Las organizaciones de agricultores responden rápidamente en tiempos de crisis

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Las organizaciones de agricultores responden rápidamente en tiempos de crisis

Desde que estalló la pandemia de la COVID-19, los equipos de respuesta inicial de todo el mundo se pusieron manos a la obra para que los sectores esenciales de la sociedad siguieran funcionando. Muchos se dedicaron a garantizar la seguridad y la salud mundiales, mientras que otros se esforzaron por facilitar el funcionamiento de las cadenas de producción alimentarias de todo el mundo.

En múltiples países africanos, las organizaciones campesinas han desempeñado ambas funciones.

A comienzos de 2020, cuando todo el planeta se sumió en una crisis sin precedentes, las organizaciones campesinas de África reaccionaron con rapidez. Se dieron cuenta de que la
COVID-19 iba a perjudicar gravemente a todos los sectores de la economía mundial, incluida la agricultura. Enseguida, comenzaron a colaborar con los Gobiernos de todo el continente y a actuar en defensa de sus miembros y la continuidad de la producción agrícola, a pesar de las restricciones. Asimismo, trabajaron a nivel comunitario para apoyar a los propios campesinos, entre otros medios, ofreciendo asesoramiento sobre cómo protegerse del virus.

“Realmente, recurrieron a nosotros como fuente fiable de información, pese a que las cuestiones sanitarias no son un elemento central de nuestra labor”, cuenta Norbert Tuyishime, Oficial de Programas de la Federación de Agricultores de África Oriental (EAFF).

A fin de respaldar la excelente labor de estas organizaciones, el FIDA y sus asociados colaboradores crearon el programa SAFE 2020, una iniciativa de respuesta rápida coordinada, diseñada por y para las organizaciones campesinas de África. Este programa, ejecutado hasta la fecha en más de 22 países, tiene por objeto mitigar las amenazas y los efectos de la crisis de la COVID-19 en los productores en pequeña escala y los sistemas alimentarios locales. La ejecución de SAFE 2020 corre a cargo de las cinco organizaciones campesinas regionales y sus miembros nacionales, la Organización Panafricana de Agricultores y AgriCord, y se financia a través del Mecanismo de Estímulo para la Población Rural Pobre (RPSF) (el fondo del FIDA para la recuperación tras la
COVID-19) y del programa Organizaciones de Agricultores de países de África, el Caribe y el Pacífico (FO4ACP), el programa más reciente del FIDA que brinda apoyo directo a las organizaciones campesinas.

El apoyo prestado en el marco del programa SAFE 2020 se clasifica en dos categorías principales. Una guarda relación con las actividades de apoyo dirigidas a los pequeños productores vulnerables y sus organizaciones: las iniciativas locales y nacionales para aportar liquidez y otros insumos, ayudar a los mercados a seguir abiertos y en funcionamiento y garantizar una seguridad alimentaria ininterrumpida. Al mismo tiempo, también se estableció una plataforma internacional de comunicaciones dirigida a difundir información precisa y actualizada y coordinar la adopción de medidas eficientes y específicas.

En el caso de la EAFF, el apoyo brindado por el programa SAFE 2020 supuso el empujón que necesitaba.

La EAFF ya había entablado diálogos con los Gobiernos y abogaba por la adopción de medidas de emergencia como los subsidios y las reducciones fiscales para ayudar a sus miembros a capear lo peor de los confinamientos. Sin embargo, gracias a los fondos brindados por el programa SAFE 2020, la EAFF pudo ofrecer asistencia rápida a sus miembros para que pudieran seguir trabajando.

La EAFF comenzó distribuyendo insumos, como semillas, fertilizantes y pienso. Asimismo, pudo prestar servicios de extensión en línea que ayudaron a los campesinos a protegerse frente a la COVID-19, y les brindaron orientaciones en torno a las medidas de seguridad impuestas, que cambiaban constantemente. Esto permitió que siguieran trabajando.

Mientras tanto, en Madagascar, la asociación FIFATA se centró en facilitar que los campesinos intermediarios encargados de divulgar la información siguieran trabajando a pesar de las restricciones a los viajes y otras medidas de lucha contra la COVID-19. Estos campesinos intermediarios son indispensables para la adopción de buenas prácticas agrícolas, pues viajan de ciudad en ciudad y enseñan a los demás una serie de conocimientos valiosos como la forma de vacunar a los animales o la mejor manera de aprovechar los insumos agroecológicos, como los fertilizantes biológicos y las semillas adaptadas al ámbito local.

Con el apoyo del organismo agrícola Fert, la FIFATA equipó a los campesinos intermediarios con teléfonos inteligentes y bicicletas. Los teléfonos les permitieron organizar iniciativas de transporte conjunto para llevar los bienes a los mercados y poner en contacto a los productores con los compradores. Asimismo, pudieron acceder a información sobre las medidas de seguridad impuestas, en constante cambio, y compartirlas con los campesinos con los que hablaban. Además, con las carreteras cerradas al grueso del tráfico, las bicicletas fueron la solución ideal para que los campesinos intermediarios se desplazaran de una comunidad a otra.

En la República del Congo, las medidas restrictivas que impuso el Gobierno para luchar contra la COVID-19 hicieron que los precios del transporte y los bienes básicos, incluidos los insumos agrícolas, se dispararan. Muchos campesinos vieron cómo su capital de trabajo se reducía a pasos agigantados. Fue lo que le ocurrió a Helene Mvemba, una campesina de Tchamba Nzansi.

“Sin medios para trabajar, directamente dejé de ir a mi granja”, cuenta, “y esto afectó a toda mi familia”.

Sin embargo, gracias al programa SAFE 2020, recibió justo el apoyo que necesitaba para volver al trabajo.

Si bien en muchos lugares de todo el mundo se celebran ya los avances contra la COVID-19, SAFE 2020 sigue en pleno funcionamiento. El programa tiene por objeto beneficiar a más de 300 000 explotaciones agrícolas familiares para finales de 2021. De cara al futuro, las organizaciones campesinas tienen previsto aprovechar las lecciones aprendidas sobre las respuestas de emergencia en el marco del programa SAFE 2020, a fin de estar mejor preparadas para alcanzar su objetivo a largo plazo de aumentar la resiliencia de los campesinos frente a las perturbaciones externas, incluidos el cambio climático y los desastres naturales.