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Los grandes sueños se hacen realidad en el distrito más pequeño de Turquía

05 marzo 2021

La jornada de Meltem Gözel comienza a las siete de la mañana. Antes del amanecer ya está trabajando en sus invernaderos cuidando sus champiñones. Todo ello como parte de los controles matutinos, ya que vigila de cerca su crecimiento constantemente. Pero el factor más importante es el calor, nos explica.

“Son como bebés”, dice. “¿Alguno tiene fiebre?” Ella ajusta la temperatura.

Meltem, de 34 años, no siempre se ha dedicado al cultivo del champiñón. Solo lleva unos tres años en esto, lo que la convierte en una “novata”, como ella misma dice, para la norma del sector. Pero para Meltem y sus hijos, el cultivo de setas ya ha dado comienzo a un nuevo capítulo en sus vidas.

Ahora viven en Yalıhüyük, un distrito rural del suroeste de Turquía. Con apenas 1 600 habitantes, es el distrito más pequeño de Turquía según su población. También es lo más diferente que puede haber del bullicio de Estambul, donde Meltem ha vivido durante muchos años con su marido y donde ha criado a sus tres hijos. Pero en 2017, tras su decisión de divorciarse de su marido, se trasladó con sus hijos de vuelta a Yalıhüyük, donde había crecido.

Llegaron a Yalıhüyük profundamente entristecidos por la separación y llenos de ansiedad por empezar de nuevo. Por su parte, Meltem tampoco estaba segura al principio de cómo iba a mantener a su familia. Durante su matrimonio no había trabajado y las oportunidades de empleo en la zona eran escasas. Pero no se amilanó y buscó trabajo donde pudo. Al principio, realizaba trabajos esporádicos durante el día y, por la noche, preparaba albóndigas para venderlas a los lugareños.

A medida que fue recuperando el equilibrio, empezó a investigar un poco. Sabía que la agricultura era una de las principales industrias de la región y, como siempre había tenido mano para las plantas, decidió intentarlo. En 2018, tras consultar con los representantes locales del Ministerio de Agricultura y Silvicultura, decidió poner en marcha un negocio de champiñones.

En uno de los invernaderos de Meltem, se recogen champiñones recién cultivados para su venta.

El cultivo de champiñones resulta muy fácil para los principiantes. Los costos iniciales son bajos y todo lo que se necesita para empezar es un pequeño espacio que pueda mantenerse a oscuras. Aun así, Meltem no tenía experiencia previa en el cultivo de champiñones, así que buscó ayuda. La encontró en un programa de aprendizaje entre colegas auspiciado por el Proyecto de Desarrollo de la Cuenca del Río Göksu en Taşeli, una iniciativa conjunta del FIDA y el Gobierno de Turquía para apoyar a pequeños agricultores de todo tipo en la región de Anatolia Central.

A través del programa, los cultivadores de champiñones con cualquier nivel de experiencia se enseñan y aprenden mutuamente. Meltem demostró ser una alumna ejemplar. “Aprendí cosas nuevas de todas las personas que conocí, desde un productor con 20 años de experiencia hasta otro fabricante con 5 años de experiencia”, afirma.

En cada ciclo de cultivo se llevan a cabo estrictos procedimientos de control de calidad.

El negocio de Meltem pronto empezó a prosperar. Con entre tres y cinco ciclos de crecimiento al año y una cosecha de unas tres toneladas de producto, el cultivo de champiñones suele ser una empresa lucrativa. Además, como la calidad de los champiñones suele ser alta, no se necesitan grandes esfuerzos de comercialización. Meltem vende su cosecha a intermediarios, que la colocan inmediatamente en los mercados de las ciudades cercanas de Konya, Antalya y Manavgat.

Meltem tampoco tardó en ampliar su negocio. Enseguida montó un invernadero, y luego otro, con el apoyo del proyecto. Su superficie de producción asciende ahora a 210 metros cuadrados. Y, del mismo modo que aprendió de otros, ahora transmite sus conocimientos a otros agricultores. Está encantada de dar consejos y, sobre todo, de ayudar a otras mujeres a empezar.

Últimamente, el teléfono de Meltem no para de sonar. La noticia de su éxito se ha extendido por todo el país, y de todas partes llaman personas que quieren montar su propio negocio de champiñones.

Hoy, mientras termina de revisar el invernadero por la mañana, suena el teléfono. Es una de sus habituales, una mujer que ha estado siguiendo de cerca sus consejos. Hablan por teléfono prácticamente a diario. Al igual que Meltem, empezó su propio negocio de champiñones en el sótano de su casa, y también quiere ampliar su superficie de producción, habida cuenta de los buenos resultados que ha obtenido hasta el momento. En la llamada de hoy, le dice a Meltem que está pensando en comprar una carpa.

Avanzado el día, y después de haber asesorado a otras personas, se dedica a atender a sus hijos y a las tareas domésticas. De vez en cuando, sale a los invernaderos para comprobar cómo van los champiñones. Sus hijos a veces se burlan de ella, diciendo: “¡Quieres más a tus champiñones que a tus hijos!”.

La verdad es que a Meltem le gusta mucho su trabajo, porque no solo le permite mantener a su familia, sino apoyar a muchas otras mujeres como ella.

 

Consulte más información sobre la labor del FIDA en Turquía.