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El Cacao: cultivo que ha impulsado las exportaciones de todo un país

Este texto pronto estará disponible en español. 

Hoy en día, los cacaoteros vuelven a salpicar el paisaje de Santo Tomé y Príncipe. Considerado en su momento el mayor exportador de cacao del mundo, esta pequeña nación insular situada frente a la costa de África Occidental había reducido considerablemente sus explotaciones tras obtener la independencia en 1975. A lo largo de los decenios siguientes, las repetidas perturbaciones climáticas (sequías e inundaciones) se aliaron para mantener la producción de cacao del archipiélago bajo mínimos. Pero en los últimos tiempos, este ingrediente esencial del chocolate, y uno de los principales cultivos comerciales, está resurgiendo en Santo Tomé y Príncipe gracias a la ayuda del FIDA.

Hacia el cultivo orgánico: valor añadido y nuevas oportunidades

El retorno de Santo Tomé y Príncipe al lucrativo cultivo del cacao se ha sustentado en una serie de decisiones estratégicas, entre las que cabe destacar el cambio de la producción convencional de cacao a la producción orgánica. Esta transición ha permitido al país añadir valor a su cultivo principal, consiguiendo un producto de alta calidad cuya demanda en los mercados internacionales es cada vez mayor.

Cumplir las estrictas normas de certificación orgánica no es una cuestión menor, especialmente en un lugar como Santo Tomé y Príncipe, un país rico en biodiversidad cubierto de bosques protegidos por ley. No obstante, con la ayuda de los proyectos del FIDA Proyecto de Apoyo a la Agricultura Comercial en Pequeña Escala y Programa de Desarrollo Participativo de Pequeñas Explotaciones Agrícolas y de la Pesca Artesanal, los pequeños productores locales han podido adquirir los medios y las aptitudes necesarios para redefinir su producción.

El apoyo del FIDA llegó a través de dos cooperativas locales de cultivo de cacao, la CECAB y la CECAQ11, por medio de las cuales los agricultores de Santo Tomé y Príncipe recibieron capacitación sobre la manera de transformar sus cultivos y aplicar prácticas sostenibles. Actualmente, el cacao orgánico se cultiva a la sombra de los árboles existentes, lo que permite a los agricultores evitar el desbroce de la vegetación y la adición de productos químicos al suelo. Mediante procesos sistemáticos de control de calidad se verifican las características de los granos de cacao a lo largo de su ciclo de vida. Ambas cooperativas cuentan actualmente con la certificación internacional de agricultura orgánica, así como del cumplimiento de las normas sociales, ambientales y de comercio justo. La creciente demanda internacional de cacao orgánico y de comercio justo, unido al reconocimiento generalizado de la calidad y la sostenibilidad de los productos de Santo Tomé y Príncipe, han creado unas condiciones de mercado atractivas para ambos colectivos.

Aprovechando esta coyuntura, el FIDA ha facilitado la creación de asociaciones trascendentales entre estas cooperativas y los fabricantes europeos de chocolate. Gracias a estas relaciones, los vendedores de cacao de Santo Tomé y Príncipe han podido negociar directamente contratos con los principales vendedores internacionales de chocolates de calidad. Además, debido al carácter orgánico y de comercio justo del producto, los contratos deben establecer un precio mínimo garantizado, lo que permite reducir al mínimo las pérdidas de los agricultores en caso de producirse una crisis en los precios de los productos básicos.

La concertación de estos acuerdos también ha permitido garantizar una fuente de ingresos sostenible para los pequeños agricultores que pertenecen a estas cooperativas, como en el caso de Delfim Fonseca, un productor de cacao de 30 años que se hizo miembro de la CECAB hace 10 años. “Desde que me incorporé a la cooperativa, mis ingresos han aumentado y mi vida ha mejorado”, declara Delfim.

Más allá del cacao: efectos de gran alcance

El cacao es, con diferencia, la fuente más importante de ingresos por ventas al exterior de Santo Tomé y Príncipe. En 2017, las exportaciones de cacao en grano ascendieron a USD 9,5 millones, lo que equivale a alrededor del 93 % del total de las exportaciones del país y aproximadamente el 2,4 % de su producto interno bruto. Ello supone que las exportaciones de Santo Tomé y Príncipe se triplicaron con relación a las registradas tan solo 12 años antes, cuando el FIDA comenzó a prestar apoyo al sector local del cacao.

Además de ayudar a realizar la transición de la CECAB y la CECAQ11 a la agricultura biológica, el apoyo del FIDA ha contribuido a aumentar su producción total en un 31 % y los ingresos en concepto de ventas en un 34 %. De hecho, aproximadamente el 40 % de toda la producción de cacao del país que se comercializa en el extranjero procede ahora directamente de estos dos colectivos.

Esas exportaciones han garantizado un nivel estable de sostenibilidad para ambas cooperativas, que ha mejorado los medios de vida de un número considerable de personas. Cada cooperativa está formada por asociaciones más pequeñas que funcionan como centros de negocios semiautónomos, dedicados a recaudar fondos comunes para ayudar a los miembros cuando lo necesiten, acortar las distancias necesarias para el transporte de mercancías, y mantener y estrechar los vínculos entre los agricultores y sus comunidades. Cada asociación puede contar también con el apoyo constante de un técnico agrícola capacitado en el marco de los proyectos apoyados por el FIDA.

Los más de 3 300 agricultores que se han unido a estas cooperativas hasta la fecha han obtenido ingresos mayores y más estables para sus hogares, lo que significa que estas cooperativas, y los esfuerzos del FIDA para apoyarlas, han beneficiado a cerca del 25 % de la población rural de Santo Tomé y Príncipe.

En la actualidad, Santo Tomé y Príncipe no pretende competir en volumen con países productores de cacao mucho más grandes, sino que las cooperativas locales están invirtiendo en calidad, estrategia que les ha dado una ventaja comparativa. Gracias al valor de sus granos de cacao procedentes de la agricultura orgánica, los pequeños agricultores locales se han beneficiado de unos mayores rendimientos y unos medios de vida mejor planificados. Este sistema de cooperativas también ha facilitado el acceso de los agricultores de Santo Tomé y Príncipe a los mercados, haciendo de su modelo empresarial un ejemplo fructífero de asociación entre el sector público, el sector privado y los productores.